VARIELALIA

Miguel Campos Ramos Los políticos son famosos pero… cómo hablan Pese a mostrarse (y exponerse) con frecuencia en los medios de comunicación masiva, la mayoría de los políticos no cuida ni se preocupa por el uso correcto del idioma (aunque hacerlo debería ser su obligación). He aquí dos botones de muestra: 1. “Del orden de…”. En una entrevista que le hizo Carlos Puig en su programa de XEW Hoy por hoy primera emisión, a Gabino Cué, siendo aún precandidato del PRD al gobierno de Oaxaca, éste aseveró: “La presencia del PRD en Oaxaca es del orden del 16 por ciento”. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE) denomina a la expresión “del orden de” como “locución preposicional” y la define así: “estimado aproximadamente en”, y da un ejemplo: Se esperan pérdidas del orden de un millón de pesetas. Sin duda, parte del acierto de este ejemplo es el empleo del artículo indeterminado “un”. De haber usado el artículo determinado “el”, la expresión sería un contrasentido, pues “el” exige precisión, mientras que “un” implica vaguedad. El punto es que se ha abusado de esta expresión, y debiera dejarse para lo que implica clasificación por grupo o por orden. Veamos estos ejemplos: si son cantidades, se usa “del orden de las centenas”, “del orden de los millares”; si son distancias, “del orden de los kilómetros”, “del orden de las millas”; si hablamos de tiempo, “del orden de las centurias”, “del orden de los milenios”. “Del orden de” se emplea, pues, para establecer cifras indefinidas, especialmente grandes. Tan simple que hubiera dicho el aspirante perredista: “La presencia del PRD en Oaxaca es de un 16 por ciento aproximadamente”. 2. “Conminar”. El diputado perredista Alejandro Encinas, en relación al lamentable caso de su en ese momento colega y aún compañero de partido, Ariel Gómez León, el chiapaneco que se refirió tan torpemente a los haitianos, dijo textualmente: “Conminamos al diputado a que considere la separación de su curul”, precisando que fue un resolutivo del PRD. Ojalá que el legislador Encinas hubiera revisado ese verbo en el diccionario, o cuando menos le hubiera echado un vistazo a mi libro El poder de la palabra (Editorial Trillas). Se habría dado cuenta de que el PRD no podía “conminar” al legislador a “considerar separarse de su curul”, pues es un cargo de elección popular y es irrenunciable. Sí, en cambio, podía amenazarlo con el castigo de expulsarlo de sus filas, es decir, podían “conminarlo a renunciar al PRD”. ¿Por qué lo anterior? Porque “conminar” significa “amenazar con un castigo”, y el PRD no podía amenazarlo con el castigo de separarlo de su curul si él no lo hacía por su voluntad, y menos diciéndole que lo considerara, pues era un contrasentido: o lo amenazaban, o lo invitaban, o lo exhortaban, pero no todo en paquete. Y es que el verbo “conminar”, repito, significa “amenazar con un castigo”, no “invitar” ni “exhortar”, con los cuales se confunde. Recordemos: entre más preciso sea el empleo de una palabra, más contundente será el efecto de ésta. Cuidado, señores políticos. miguel@dicionesmagno.com, www.edicionesmagno.com, twitter: @miguelcamposram, blog: www.elpanoptico.bligoo.com.mx
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