VARIELALIA

 Miguel Campos Ramos  Peligroso crecimiento de las urbes  El anuncio hecho hace unos días por el jefe del gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, acerca de la inminente inauguración de la Ruta 12 del metro, con sus 21.5 kilómetros de extensión, pese a sus grandes beneficios debiera ser motivo de reflexión. El jefe del gobierno, al referirse a tal obra, habló de que los capitalinos merecen vivir cómodos en la ciudad de México. Concretamente, utilizó la palabra “confort” (aunque mejor hubiera utilizado las perfectas equivalentes “comodidad” o “bienestar”, incluso habría sido mejor “bienestar”, es decir, “estar bien”). Al emplear la palabra “confort”, tácitamente hizo hincapié en la comodidad estrictamente material. Y es aquí donde surge el problema, para el Distrito Federal y urbes como Guadalajara, Monterrey, y desde luego Puebla. Y es que se les sigue vendiendo como ciudades que brindan “comodidad o bienestar material”, y eso se ha traducido en que se están volviendo ciudades deseadas. Parafraseando la frase “sueño estadounidense”, se podría hablar del “sueño de las grandes urbes”. Por tanto, sigue creciendo de manera desordenada y amorfa, y diríase “peligrosa”, pues ya empiezan a padecer las consecuencias: hacinamiento, falta de agua potable, cada vez mayores problemas de inseguridad pública, estrés, etc. Desde los años cincuenta, gracias a la magia del cine, se promovió tanto a la capital del país como a las ciudades mencionadas (todas aparecen con frecuencia en los filmes o hay referencias a ellas), que se convirtieron en tabla de salvación para miles de mexicanos que pronto se hicieron cientos de miles, y luego millones, atraídos por dos posibilidades: trabajo y diversión, según lo postulaban esos filmes. Las autoridades (tanto federales como estatales, deben trabajar conjuntamente en el asunto, porque los problemas que más pronto que tarde enfrentará las megaurbes, crecerán con ellas y su tan presumido confort. Y es que el verdadero confort está en la tranquilidad. Y eso no existe en las grandes urbes. Desde hace mucho se ha dicho que como solución a este problema está impulsar las ciudades medias. Pero impulsarlas no sólo para ser objeto de visita del turismo, sino para que realmente sean sitios deseados, que permitan que sus pobladores no salgan de ellas por sentir que también gozan de bienestar. Es decir, es preciso que en esas ciudades medias existan los elementos básicos con que cuenta una megaurbe: escuelas, diversión, trabajo, cultura, comunicación, etc., de suerte que quien en ellas habite sienta que está conectado con el resto del mundo, y no aislado, como cualquier provinciano. Existen evidencias de sobra de ciudades de este tipo en el mundo, y sin duda son la solución al freno de la migración. Lamentablemente no es la norma, pues la tendencia mundial es la migración hacia los grandes centros urbanos, lo que ha causado que existan ciudades descomunales como Shangai, Tokio, Hong Kong y tantas otras que, no obstante su desarrollo y modernidad, tienen ingentes y latentes problemas. La solución es el impulso a las ciudades medias. Nuestro país y Puebla en particular, tienen esa gran posibilidad, antes de que sea demasiado tarde. miguel@dicionesmagno.com www.edicionesmagno.com twitter: @miguelcamposram blog: www.elpanoptico.bligoo.com.mx
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