Celuloide

El Artista  Israel León O’Farrill  Hace unas semanas participé en un seminario donde la constante fue el análisis de las nuevas tecnologías y la “imparable” tendencia hacia una “evolución tecnológica” de la que el ser humano difícilmente se escapará. Bueno, pese a que no soy partidario de determinismos tecnológicos puedo reconocer en la tecnología y sus avances, verdaderas herramientas para un cine cada vez más demandante. Pero sostengo firmemente, como lo he hecho en otras entregas, que el buen cine no precisa de efectos especiales ni grandes pretensiones –como el trabajo farolero de James Cameron y sus reediciones en tercera dimensión de churros como Titanic- para ser eso: cine. Y siempre serán buenas historias, grandes actuaciones, escenarios y vestuarios creíbles… en fin, un arte complejo y completo. De ello está nutrida la cinta El artista (2011) del director francés Michel Hazanavicius, nominada a varias estatuillas de la Academia Hollywoodense entre las que están mejor director, mejor actor – Jean Dujardin-, mejor actriz de reparto –Bérénice Bejo-, mejor película, mejor cinematografía – Guillaume Schiffman-, mejor vestuario y otras más. He de decir que en plena época de los mejores sistemas de sonido, de la digitalización de todo lo digitalizable, de la invasión de la red, Hazanavicius se avienta el acierto impresionante de hacer una película muda… ¡muda!, ¡pero qué homenaje a los artistas, al cine, al público!; y qué mofa al uso de la tecnología por la tecnología. Película desde ya clásica, cuenta con las grandes actuaciones de Dujardin –más amenazas a Bichir, ni hablar- y de Bejo que dotan de credibilidad y atmósfera a la película; una música ejemplar –en la batuta de Ludovic Bource, también nominado-; y un diseño de arte sumamente adecuado a las necesidades de la cinta. Mención aparte merece el trabajo del director, que sabe contar una historia y jugar constantemente con los planos entre el meta lenguaje que se describe en la película –una película que habla del mundo de las películas- sin que nos extraviemos en todo el recorrido de la historia. Se trata de la celebración del cine en su máxima expresión, aunque no llene las expectativas de los febriles tecnofílicos. Simplemente, una cinta imprescindible, no se la pierda. Comentarios y consultas http://israelleon.wordpress.com/
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