VARIELALIA

Miguel Campos Ramos  Leer dos libros al mes… ¡sí se puede! Una de mis recomendaciones para abatir el ancestral rezago de libros leídos por persona al año en México, es que leamos al menos dos libros cada mes. De esta forma, leeremos al año 24 (más uno que podríamos incluir en vacaciones). Y es que la UNESCO establece como media “ideal” de un país culto o de una persona ídem, justamente tal cifra. Como sabemos, en México tal cifra ronda los 1.9 libros por persona al año, es decir, apenas una raquítica cantidad, si tomamos en cuenta que los países escandinavos y algunos orientales rebasan el promedio de cuarenta libros por persona al año. Leer, sin embargo, es muy difícil. No en balde el escritor francés Charles Pinot Duclós afirmó: “Quien sabe leer sabe ya la más difícil de las artes”. Leer, en efecto es un arte difícil. Haga el lector un acto de conciencia y cuente los libros que lee cada año. Se podría avergonzar, si se compara con los países ya mencionados. El dilema, empero, es: ¿leemos dos libros al mes, o nos quedamos en la miseria educativa y cultural en que estamos? He aquí un buen dilema digno de Hamlet. Hablando de Hamlet, les comento que antier empecé a leerla. Digo a “leerla” porque se trata de una obra teatral escrita por William Shakespeare, una tragedia, quizá la más adaptada al cine y la televisión. La inicié antier, convencido de que sólo así, con decisión y disciplina, leeré, hasta el 29 de febrero, los cuatro libros que debo leer para abarcar enero y febrero. El dos de enero empecé con Sin novedad en el frente, una novela muy extensa del alemán Erich María Remarque, y luego me despaché la bellísima y sorprendente Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo, y ahora va Hamlet, que espero concluir a más tarde mañana jueves 23, para tomar un libro que dejé porque pese a breve me resultó difícil: El político y el científico, de Max Weber. Debo de confesar que mi fórmula de leer diario de 10 a 20 minutos es sólo una fórmula de disciplina. En realidad, para leer los libros que mencioné, siguiendo esa fórmula, me habría llevado al menos tres meses cada uno, pues son extensos. Por eso lo que recomiendo es que además de tomar en cuenta la fórmula, se ponga empeño y se extienda el tiempo de lectura diaria de media hora a una hora. No hay opción. Es la única manera de que logremos despuntar como personas y como mexicanos. De lo contrario, permaneceremos como hemos permanecido: en la mediocridad educativa y cultural, en relación con otros países, incluidos algunos de Sudamérica como Chile, Argentina y Brasil, y sorprendentemente Costa Rica, en Centroamérica. Apliquemos con entusiasmo a la lectura el repetido grito deportivo del “Sí se puede, sí se puede”. No consintamos en quedarnos en la medianía, o, peor, en la miseria lectora en que en realidad estamos. Sólo así sacaremos a México del atolladero en que está sumido. miguel@dicionesmagno.com www.edicionesmagno.com twitter: @miguelcamposram blog: www.elpanoptico.bligoo.com.mx
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