VARIELALIA

Miguel Campos Ramos  En lo poco se ve lo mucho  Mi padre tiene un dicho que, como otros, me ha servido de guía y orientación en mi conducta: “En lo poco se ve lo mucho”. Algunos otros aluden a esta idea con la frase “lo que cuentan son los detalles”. El dicho se refiere a que más allá de las acciones de relumbrón, de las grandes obras, objetivos de casi todos los gobiernos y de las personas con alguna ambición de trascender, lo que cuentan son las pequeñas cosas. En efecto, si cada uno de nosotros se ocupara de lo pequeño y lo atendiera, habría una mejor convivencia ciudadana. Pongo algunos ejemplos de muestra: Cuántas veces hemos visto que la autoridad municipal se esmera en pavimentar las calles. Ahora mismo en Puebla, con el empleo del cemento armado. O en algunos otros casos en los programas de recubrimiento de baches. Y ya que la calle está en buen estado, alguna persona, a veces el SOAPAPAP, o alguna empresa que necesita introducir cableado o tubería, de repente corta el asfalto o el cemento con una sierra, y ya que terminan su operación, dejan la zanja. Ésta se convierte en una especie de “tope” al revés, de suerte que detiene el flujo de los vehículos, causando embotellamientos y no pocas veces accidentes. Y así permanece la zanja, sin que el vecino o la empresa que la abrieron hagan caso. Aplican el síndrome del dueño del Titanic (según la película de Cameron): yo ya logré lo que buscaba, los demás no me importan. Hay quienes dicen que esto sucede porque no hay comunicación entre las empresas de servicios y el ayuntamiento. Y en el caso de los vecinos, pues simplemente a que la autoridad brilla por su ausencia pues se supone que es la que da los permisos. Otro ejemplo: hace unos días iba yo circulando atrás de un autobús del transporte público. De repente éste se detuvo, a media calle, y bajó una persona. Justo cuando bajaba, un motociclista repartidor de algún producto, avanzaba aprovechando el espacio entre la unidad del transporte público y los autos estacionados. Fueron fracciones de segundos las que faltaron para que al menos le causara al pasajero que saltó del autobús un golpe que lo hubiera enviado al hospital. El problema es triple: cada cual no hizo lo poco que debía hacer. Es decir, el chofer indebidamente abrió la puerta al pasajero; el pasajero indebidamente bajó; y el motociclista, indebidamente, pretendió avanzar sin respetar el alto de todos los vehículos. Y así podríamos continuar. Pero si cada uno, como dice mi padre, hiciera lo correcto, lo poco que le corresponde, la convivencia sería mucho más pacífica y cordial. De lo contrario, de nada sirve ver las grandes obras de la ciudad y del estado o del país, si las pequeñas acciones que tanto dicen de los ciudadanos, brillan por su ausencia, y, contrario sensu, se aplica otro dicho: “Mientras a mí me vaya bien, que los demás se frieguen”. En esto, huelga decirlo, también tienen mucho que ver las autoridades, por no propiciar lo que países civilizados llaman “cultura ciudadana”. miguel@edicionesmagno.com www.edicionesmagno.com blog: elpanoptico.bligoo.com.mx twitter: iguelcamposram
  • URL copiada al portapapeles