VARIELALIA

Miguel Campos Ramos  Gabo, Kapuscinsky y el poder de la palabra  En plena etapa preelectoral, tanto los candidatos y aspirantes, como los analistas políticos, están difundiendo palabras cargadas de mala intención, por no decir de odio. Cuidado, pues si esto es en la víspera, ¿qué será en la fiesta? Por eso, se me hace oportuno recordar lo que escribí en el PRÓLOGO de mi libro El poder de la palabra (Ed. Trillas). Helo aquí: El escritor colombiano Gabriel García Márquez, durante su polémica intervención en aquel coloquio sobre la lengua española que se realizó en la ciudad de Zacatecas, dio un curioso pero efectivo ejemplo del poder de la palabra. El premio Nobel leyó un texto titulado “Botella al mar para el dios de las palabras”, parte del cual decía: “A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó de un grito: ¡Cuidado! El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: ¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?” En alusión a ese mismo ejemplo de Gabo, el escritor mexicano Eusebio Ruvalcaba escribió que hubiera sido mucho más eficaz que “¡Cuidado!”, nuestro popular “¡Aguas!”. Y por su parte Niñito Nipongo (alias Raúl Prieto), el creador de la columna periodística Perlas japonesas, en la cual analizaba disparates idiomáticos, al comentar ese mismo texto del escritor colombiano ratificó el poder de la palabra, pero fue más allá al decir que hubiera sido aún más sencillo que ese señor cura simplemente gritara “¡Ey!”. Cada palabra, no cabe duda, tiene una carga de emoción y razonamiento. Por ello la palabra es nuestro principal recurso comunicativo. Con ella expresamos sentimientos y hacemos poesía, pero también con ella reflexionamos y generamos las ideas que nos han hecho evolucionar como especie. Lamentablemente también con ella generamos revoluciones y guerras. De aquí su enorme poder. Pero también de aquí la enorme importancia de domeñarla para hacerla el instrumento más valioso de cuantos nos permiten comunicarnos con nuestros semejantes. Dos cosas resultan imprescindibles para conseguir tal propósito: una es comprenderla y aceptar su potencial, y la otra, acercarnos a ella para conocerla y, conociéndola, emplearla en nuestro provecho. Por si lo anterior fuera poco para ponderar el poder de la palabra, tengo muy presente una entrevista que en torno a la guerra de Estados Unidos contra Irak le realizó a Rizard Kapuscinsky, el reconocido periodista polaco, su colega mexicano Javier Solórzano, en el noticiario Hoy por hoy, de XEW. En esa ocasión Kapuscinsky comentó que la guerra no empieza cuando empiezan los bombardeos o los disparos, sino cuando los medios de comunicación inician el empleo de palabras alusivas como “enemigo”, “guerra”, “fronteras”, “invasión”, etcétera. Agregó Rizard Kapuscinsky que en gran medida los medios de comunicación, vía la palabra, crean las condiciones necesarias que propician acciones o escenarios que de otro modo no se generarían. Cuánta razón tuvo el periodista polaco. Por eso es fundamental emplear con cuidado la palabra. Pensar antes de hablar, o de escribir, como recomienda el viejo adagio. miguel@dicionesmagno.com www.edicionesmagno.com twitter: @miguelcamposram blog: www.elpanoptico.bligoo.com.mx
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