VARIELALIA

Miguel Campos Ramos  El significado de ser maestro Sirva esta reflexión para abundar en el debate a que han sido sometidas en estos tiempos de crisis educativa, la función y la labor del maestro. Quizá no debí escribir “maestro”, sino “Maestro”, es decir con inicial mayúscula. Y es que, aunque en términos gramaticales la regla establece que este sustantivo va con minúscula, por el tamaño de su importancia debería ser de los pocos que se escriban con mayúscula. No olvidemos que hubo un tiempo de nuestro querido México, en que la palabra maestro se le anteponía la expresión “el señor”, de suerte que la gente, sobre todo la de condición sencilla, decía con respeto “el señor maestro”. En ese entonces el maestro era el profesionista más importante, quizá sólo abajo del médico (que por sus conocimientos recibió desde siglos atrás el apelativo de “doctor”, término éste derivado de “docto”, es decir el que conoce mucho, no en balde “docto” se deriva a la vez de la raíz latina “docere”, que significa “enseñar”). La etimología latina de “maestro” (“magister”) lo dice todo en la partícula “mag”, que indica “grande” (como precisamente en “magíster”-el más grande) y que sirve para formar palabras como “magno”, “magnitud”, “magistrado”. Paradójicamente, su antónima es “minister”, en español “ministro”, donde la partícula “minus” significa “menos” (por cierto no deja de extrañar que así se le llame en algunos países al titular de algún cargo de Estado, como “ministro de defensa”, “ministro de educación”, etc.). Pero esto último sólo ratifica la magnitud y el peso de la palabra “maestro”, que lamentablemente se está degradando pero que debe recobrar su valía, pues sin duda uno de los profesionales que más influye en el desarrollo social es el “maestro”. Con esta palabra se define lo mejor de lo mejor. Se dice, por ejemplo, “fulano es un maestro en su área”, “aquella fue una jugada maestra”, y de “maestro” se deriva “magistral”, adjetivo que alude a lo “más grande y mejor”, como las conocidas “conferencias magistrales”. La palabra también alude a acciones que rayan en la perfección, como cuando se dice que un “pintor trabaja con maestría”. Es tal la importancia del término, que dentro de las modernas jerarquías de la enseñanza se inventó “maestría” para referirse a un nivel inmediato al doctorado. De aquí que a menudo se confunda el concepto del grado académico con la profesión de enseñar, y hasta se ha propuesto que en aras de la comprensión se deje el término “maestro” para quien adquiere el grado, y el de “profesor” para quien ejerce o “profesa” la docencia. Pero nada sería más absurdo que esto, y ojalá que la idea no prospere. Y es que si hay alguna profesión difícil, es precisamente la de “maestro”. ¿Por qué? Porque su materia prima, si vale el concepto, son los seres humanos, desde el infante hasta el adulto mayor, y nada hay más valioso que el ser humano. miguel@dicionesmagno.com www.edicionesmagno.com twitter: @miguelcamposram blog: www.elpanoptico.bligoo.com.mx
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