VARIELALIA

Miguel Campos Ramos  Un tal Tabucchi ha muerto “Sostiene Pereira que le conoció un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada, aireada, y Lisboa resplandecía. Parece que Pereira se hallaba en la redacción, sin saber qué hacer, el director estaba de vacaciones, él se encontraba en el aprieto de organizar la página cultural, porque el Lisboa contaba ya con una página cultural, y se la habían encomendado a él. Y él, Pereira, reflexionaba sobre la muerte”. De esta manera contundente, provocativa y sin duda original, empieza la novela del escritor italiano Antonio Tabucchi Sostiene Pereira (Editorial Anagrama, dentro de su serie Compactos), misma que lo proyectó a la fama y le ganó lectores, amén de que fue llevada al cine con gran éxito interpretada por Marcelo Mastroniani, nada menos. Lamentablemente Antonio Tabucchi ya no escribirá más, pues el pasado domingo 25 de este mes sucumbió a la terrible enfermedad del cáncer, apenas a los 68 años, en la plenitud de su producción. Por supuesto, en su corta carrera como literato cosechó muchos éxitos y reconocimientos. Y sin duda ahora vendrán más reconocimientos. Sin embargo, como recomiendo siempre, el mejor reconocimiento y homenaje que se le puede hacer a un escritor es leerlo. Y a Tabucchi hay que leerlo. No quiero ser como los políticos de oídas, y debo de confesar que no conozco su obra. Hablo de Sostiene Pereira porque es la que he leído, y que ahora releeré, y espero leer otras. Sostiene Pereira es una obra breve, de apenas unas doscientas cuartillas, que seduce por su frases cortas, sus descripciones perfectamente dosificadas en proporción con la narración. Además, tratándose de una novela que gira en torno del periodismo, se antoja siempre seductora para quienes como un servidor, así sea como aficionado y eventualmente como empleado, ha ejercido y ejerce este oficio que Gabriel García Márquez ha definido como el mejor del mundo. Un dato curioso que me llamó la atención fue el comentario que Jorge Herralde, editor de Tabucchi y dueño, como sabemos, de editorial Anagrama, publicó el domingo 25 en el diario español El país. Ahí Herralde cuenta cómo conoció la obra de Tabucchi. Fue en la feria del libro de Frankfurt. Recorriendo los estantes, descubrió un librito de un tal Antonio Tabucchi, expuesto por una modesta editorial italiana. Dice Herralde que le preguntó al vendedor por el autor de dicho libro, el cual no aportaba ningún dato del autor ni en la cuarta de forros ni e n la solapa. Y resulta que el vendedor tampoco sabía. Pero, inteligente, le regaló el libro. Herralde lo leyó de inmediato y le pareció una joya. Lo recomendó a dos de sus amigos editores, uno alemán y el otro francés, quienes, como él, acabaron siendo los editores de Tabucchi. Llama la atención esta magia de la literatura, de cómo un aparentemente aislado libro, en una pequeña editorial, fue el germen de una trayectoria de éxito para un autor que no envió su libro a los tan sobados concursos de novela, cumpliendo a cabalidad la sentencia de William Faulkner en el sentido de que el verdadero escritor está demasiado ocupado escribiendo. miguel@dicionesmagno.com www.edicionesmagno.com twitter: @miguelcamposram blog: www.elpanoptico.bligoo.com.mx
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