Lunes 05 Noviembre 2018

Científicos de la Universidad Nacional Autonoma de México (UNAM) y del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmaron la existencia de un cenote a ocho metros debajo de la pirámide de Kukulkán, en Chichén Itzá, a través de una publicación en la prestigiada revista científica Nature Scientific Reports.

Este trabajo tuvo la intervención del Instituto de Geofísica (IGf) y la Facultad de Ingeniería (FI) de la Universidad Nacional, y el INAH.

Tal hallazgo es importante por dos aspectos: la parte arqueológica y la modalidad tridimensional de tomografía de resistividad eléctrica (ERT-3D por sus siglas en inglés), única en el mundo, desarrollada en esta casa de estudios, resaltó René Chávez, integrante del IGf y responsable del proyecto.

En Nature muchos investigadores difunden sus trabajos, pero junto con colaboradores extranjeros, y éste es uno de los artículos en donde todos los autores son mexicanos.

Tomografía universitaria

Andrés Tejero, de la FI, explicó que la ERT-3D surgió a raíz de un problema de hundimientos y socavones al poniente de la Ciudad de México, y que fue la colaboración con el IGf lo que permitió su desarrollo y aplicación.

El resultado sorprendió del estudio sorprendió a los universitarios que tuvieron la oportunidad de participar en él, pues "no fuimos a buscar un cenote, sino a conocer las características del subsuelo de la pirámide y probar las virtudes del método desarrollado, y hoy tenemos una imagen muy real de lo que hay en el subsuelo, basada en siete mil 192 observaciones", añadió.

Esteban Hernández Quintero, geofísico, recordó que durante las dos temporadas de campo que se realizaron (2014 y 2015) se resolvieron muchos problemas de logística que permitieron el descubrimiento de una pirámide más pequeña al interior de El Castillo, donde trabajaron 15 participantes y tuvo que moverse casi media tonelada de equipo.

Debajo de El Castillo no sólo hay un cenote, sino que también existe un sistema de conexión, con entradas y salidas de agua.

Algunos arqueólogos piensan que la cavidad hallada puede estar conectada con un cenote al sur de la pirámide, llamado Xtoloc, y éste, a su vez, con el cenote sagrado, hacia el norte.

Lo cual mencionaron los estudiosos se podría comprobar desde el punto de vista geofísico mediante perfiles bidimensionales entre las pirámides de Kukulkán y El Osario, y entre el propio Castillo y el cenote sagrado, una investigación ya propuesta al INAH.

Este estudio abre nuevas preguntas: ¿por qué una pirámide de ese tamaño se construyó encima de una cavidad?, o si los antiguos mayas sabían que existía, añadió Quintero.

Por último, los científicos comentaron que la publicación en Nature es un logro de la Universidad y para cualquier investigador.

El grupo está orgulloso de los resultados, pero sobre todo de haber desarrollado esa modalidad de estudios geofísicos, y que naciera en la UNAM.

El director del IG, Hugo Delgado Granados, coincidió en la importancia de este trabajo, que no sólo consiste en el hallazgo del cuerpo de agua, sino en el desarrollo de las técnicas que permitieron "iluminar" el subsuelo maya, y su publicación en Nature.

En el proyecto también participaron Denisse Argote, arqueóloga e investigadora del INAH, y Alejandro García Serrano, coordinador de los estudiantes en campo.