Lunes 11 Diciembre 2017

Los recién casados dormían en su casa en el oeste de Myanmar en junio cuando siete soldados irrumpieron en ella. F, inicial con la que la agencia AP identifica a la mujer rohinya musulmana que relata cómo soldados del ejército de Myanmar mataron a su esposo y la violaron, como parte de un plan de limpieza étnica.

Los militares habían matado a sus padres y a su hermano estaba desaparecido. Ahora venían por ella. Cuatro soldados la violaron, relató F, quien ahora está refugiada en Bangladesh, no sin antes volver a sufrir la pesadilla.

A su esposo le dispararon en el pecho, a ella, tras violarla, la arrastraron fuera de la vivienda y le prendieron fuego a la casa de bambú. Dos meses después, supo que estaba embarazada.

Las violaciones de mujeres rohinya por parte de militares de Myanmar han sido generalizadas y metódicas. La agencia AP entrevistó a 29 mujeres y niñas que huyeron a Bangladesh. Médicos Sin Fronteras ha tratado a 113 sobrevivientes. Todas sobrevivientes de agresiones sexuales. Tienen entre 13 y 35 años, la más joven, de 9 años.

La ONU ha declarado que las fuerzas armadas birmanas están empleando sistemáticamente la violación como una "herramienta calculada de terror" destinada a exterminar al pueblo rohinya. El Ejército lo ha negado.

"Esas mujeres afirmaban que fueron violadas, pero miren su apariencia, ¿creen que son tan atractivas para ser violadas?", declaró el responsable de asuntos fronterizos del estado, Phone Tint.

Más de tres meses después de que los hombres irrumpieran en la casa de F, la mujer vivía con sus vecinos, una pareja con un niño de cinco años. Una noche de mediados de septiembre, los hombres rompieron la puerta. En esta ocasión eran cinco, según recuerda F. Degollaron al niño y mataron al hombre.

Ahí, volvieron a violar a F, y a su vecina. Cuando todo terminó, las mujeres estuvieron tendidas sobre el piso durante días. Cuando finalmente, F logró ponerse en pie, ayudó a su amiga y juntas iniciaron un viaje de 10 días hasta Bangladesh.

Ahí viven en pequeño refugio de bambú entre dos letrinas inmundas. F ve a su futuro bebé como su última esperanza para ser feliz.

"Todo el mundo ha muerto", dijo. "No tengo a nadie que me cuide. Si entrego este bebé, ¿qué me quedará? No tendré nada por lo que vivir".