Mariana Nesnídalová es la guardiana del reloj más famoso del mundo, el Astronómico de Praga

Hace una década asumió las riendas de Hainz, para convertirse en la tercera mujer que está al frente de la única empresa que queda en el país centroeuropeo especializada en relojes artesanales.

Los relojes clásicos forman parte del paisaje de Praga, conocida como la “ciudad de las cien torres” por sus aparatos centenarios de mecánica artesanal, entre ellos el astronómico de la Plaza Vieja, y que forman parte de una tradición que sigue viva gracias a una antigua jardinera: Mariana Nesnídalová.

“No fue mi sueño. Prefería diseñar jardines, y esto llegó con el tiempo”, explica Nesnídalová, una praguense de 50 años que dirige L. Hainz, una empresa familiar fundada en 1836.

La compañía sólo produce relojes mecánicos de torre -para ayuntamientos, iglesias y monumentos- construidos de la misma manera que en la segunda mitad del siglo XIX. Además se encargan de repararlos y mantenerlos para que funcionen perfectamente.

Nesnídalová empezó a trabajar en Hainz como contable, con 24 años, cuando fue la empresa restituida en los 90 a los herederos de los antiguos propietarios, después de que el anterior régimen comunista la confiscara cuatro décadas antes y metiera en la cárcel a su bisabuelo, abuelo y tío abuelo.

UNA TRADICIÓN FAMILIAR

Tras estudiar relojería, compaginó la administración con el trabajo como operaria, donde descubrió que subir a torres por escaleras destartaladas y polvorientas, invadidas a menudo por las palomas, tenía su encanto.

Hace una década asumió las riendas de Hainz, para convertirse en la tercera mujer que está al frente de la única empresa que queda en el país centroeuropeo especializada en relojes artesanales de gran tamaño. Nesnídalová es también la sexta generación de una saga de relojeros muy vinculada a la historia de Praga.

La empresa llegó a emplear casi 200 trabajadores antes de la confiscación en 1948. Hoy su catálogo se reduce a un solo tipo de producto: los relojes mecánicos de gran tamaño, con una tecnología totalmente propia y de los que cada año fabrica menos de seis unidades, algo que no resulta muy lucrativo.

“Ninguno de nosotros gana 2 mil euros”, dice Nesnídalová, jefa de un equipo por completo masculino, algo que no siempre le ha resultado fácil, según reconoce, si bien admite que también tiene otras muchas “satisfacciones” profesionales.

“Cuando subo a una torre y hay un reloj que hicieron mis antepasados hace 100 o 110 años, y sigue funcionando, me digo a mi misma: ‘Somos buenos’”, reconoce.

¿Cómo innovar en un sector donde todo se hace a mano siguiendo unos parámetros técnicos fijados en 1890?

“Sabemos modernizar los relojes para que nadie tenga que subir a una torre a darles cuerda y también para que sean precisos”, revela sobre los avances en un sector donde la vida útil se prolonga durante más de un siglo, algo fuera del alcance de los relojes eléctricos.

LA JOYA DE LA CORONA

Entre las referencias de la empresa actual está el mantenimiento del reloj astronómico de Praga, el “Orloj”, que, construido cuatro siglos antes de la fundación de Hainz, es hoy, junto al Puente de Carlos, el monumento más visitado por los turistas de Praga.

La empresa se encarga de su mantenimiento desde hace más de 150 años, gracias a un acuerdo al que llegó su fundador en 1865, cuando restauró el célebre cronómetro medieval de 1410: a cambio del trabajo, en lugar de unos honorarios, se hizo con su mantenimiento.

Por eso, reiniciar la actividad de la empresa tras la caída del comunismo en 1990 no era sólo una cuestión de interés profesional, se trataba también de mantener viva una tradición familiar.

Parte fundamental de ese legado era precisamente ocuparse del “Orloj”, bajo el que cada hora, absortos por el repique de una campana accionada por la figura de la Muerte, se concentran centenares de curiosos.

Nesnídalová reconoce que “es una gran responsabilidad” ocuparse de su buen funcionamiento, para que día tras día sigan "embobados" los admiradores que al pie de esta obra contemplan las figuras de los apóstoles o las distintas medidas del tiempo de las esferas.

“Esta joya es el monumento más importante desde el punto de vista técnico. Es un orgullo que nuestra familia se ocupe de él desde hace mucho tiempo”, subraya ella.

Su empresa lo reconstruyó en 1945, tras los daños que sufrió en un incendio en 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, y ha efectuado varias restauraciones posteriores, la última en 2018, cuando los entresijos del reloj recuperaron el lustre gótico, con un mecanismo que mantiene en un 80 por ciento su carácter original.

UNA PASIÓN PERSONAL

Entretanto, Nesnídalová ha desarrollado una auténtica pasión por estos aparatos de mecánica artesanal, hasta tal punto que se ha creado una hermosa colección en su taller de Lysa nad Labem, a unos 40 kilómetros de Praga, con algunos ejemplares muy valiosos.

“Muchas se dedican a coleccionar bolsos. Yo, en cambio, relojes”, afirma Nesnídalová.

Cuando sube a una torre para limpiar la transmisión de manillas, desmontar y engrasar poleas y ruedas dentadas de relojes, o repasar el dorado de las esferas, a menudo sale de su boca una exclamación: “Ese (reloj) también es nuestro”.

Sucede a menudo al descubrir detalles característicos, como las flores de lis que dan forma a manillas o adornan el nombre de la marca, y es que Hainz fue el principal constructor de cronómetros en Bohemia desde la época de la antigua Monarquía Austro-Húngara hasta la Segunda Guerra Mundial.

Solo en la capital, Hainz, con la gerente y su equipo de cuatro artesanos -un mecánico, un tornero, un dorador y un aprendiz- se ocupan de unos 80 relojes de torre.


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