Cerca de 24.2 por ciento de quienes han utilizado su piel como lienzo refieren estar arrepentidos; prefieren hacerlo en aquellas partes del cuerpo que no son visibles por temor a ser rechazados Mario GALEANA Tres mil años antes de que Cristo pisara la tierra, las civilizaciones egipcias ya practicaban el arte del tatuaje. En aquel entonces, los dibujos en la piel eran asociados con funciones de protección, magia y otro tipo de aspectos sobrenaturales. En la actualidad, sin embargo, los motivos que han llevado a que casi 8 de cada 100 mexicanos hayan decidido convertir su piel en lienzo han ido diversificándose. Recuerdos, gustos, fugaces amores eternos, crímenes; las causas son inacabables. A la par de lo anterior, la significación que desde entonces la sociedad ha conferido al tatuaje se ha modificado hasta llegar, inclusive, a la discriminación. Una encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE) reveló que 74.2 por ciento de las personas que poseen un tatuaje o una perforación piensa que éstos han sido un obstáculo para conseguir trabajo. “Cuando yo me rayé preferí hacerlo en la espalda, que no es tan visible como los brazos o las piernas, para así no tener problemas a futuro por algún trabajo. No importa qué diseño elijas, muchas personas siguen pensando que si traes un tatuaje los vas a asaltar o te drogas”, declara Andrea Mina, quien a la edad de 20 años decidió realizarse su primer tatuaje. El señalamiento de Andrea no es infundado. El estudio realizado por el GCE también revela que 38.5 por ciento de los mexicanos no contratarían a una persona que tuviera tatuajes en el cuerpo. Además, 20 de cada 100 mexicanos atribuyen a los tatuajes distintos tipos de problemáticas, tales como enfermedades, drogadicción, violencia y delincuencia. En 2012, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), indicó que “cotidianamente”, uno de los requisitos para conseguir trabajo en México requiere “poseer una estatura determinada, cierta complexión física y no contar con tatuajes ni perforaciones”. Según se lee en el Reporte Sobre la Discriminación en México 2012, los tatuajes tienen una “connotación negativa para los empleadores, pues, en muchas ocasiones consideran que quien posee alguno representa un alto riesgo delictivo, con lo cual se deja de lado la capacidad que tienen para desempeñar un trabajo”. Tatuajes, desde edades jóvenes Cabe señalar que del 7.6 por ciento de los mexicanos que decidieron convertir su piel en lienzo lo hicieron, en un 80 por ciento, antes de los 25 años. Es decir, 20.4 por ciento realizaron su primer tatuaje antes de los 15 años, 26.8 por ciento entre los 16 y 18 años, un 32.8 por ciento más entre 18 y 25 años, y 20 por ciento restante después de dicha edad, según apunta la encuesta del GCE. “Yo lo hice a los 18 años quizá porque quise esperarme hasta ser mayor de edad. Pero regularmente en los estudios de tatuajes no hay problema si vas siendo menor de edad. Son contados los tatuadores que te piden que tu tutor te dé una autorización o un permiso”, ahondó Andrea. Asimismo, alrededor del 36.2 por ciento de los mexicanos con tatuajes aseguraron que los dibujos permanentes trajeron consigo algún tipo de rechazo por parte de su propia familia. “Yo creo que sí debes comentarle a tus padres cuando te tatúas. Puede decirse que uno decide sobre su propio cuerpo, pero nada quita comentarle a tus papás lo que quieres hacer. Yo sí les comenté, y a mi papá no le gustó la idea, pero la respetó”, indicó la joven de 23 años. La parte preferida de los mexicanos para tatuarse son los brazos y los bíceps, ya que cerca del 38 por ciento indicó poseer tatuajes en dichos miembros; le sigue la espalda, con un 14.2 por ciento más, y la muñeca, con un 12.2 por ciento. No obstante, no todos han quedado satisfechos con la historia plasmada. Alrededor de un 24.2 por ciento, apunta el estudio del GCE, se arrepiente de haberse realizado un tatuaje. “Es para siempre, no es cualquier cosa. Antes de realizarse el tatuaje, uno debe estar seguro de lo que quiere, para así no arrepentirse. Deben evaluarse todo, desde el propio diseño hasta el costo con distintos tatuadores”, concluyó Andrea. |