Viernes 03 Abril 2015
Hugo, quien fue porteador por más de 25 años y fundador de la Cofradía de la Procesión del Silencio, conformada sólo por varones, asegura que todo lo hace por amor a Dios Guadalupe JUÁREZ  SEÑOR DE LAS MARAVILLASCamila es una mujer mayor, lleva una bolsa con cuatro cirios amarillos y un ramo de flores que cubre su rostro; en su visita al Señor de las Maravillas intenta arrodillarse, pero no lo consigue, resignada a orar de pie, observa a una señora humilde que lleva una flor marchita en la mano como parte de su ofrenda a la imagen, por lo cual le obsequia una de las veladoras que lleva. De la madera de un árbol frondoso que un rayo derribó, un artesano talló la imagen de Cristo en una de las caídas del viacrucis; refleja piedad y compasión, por su origen se le nombró Señor del Rayo, aunque es más conocido como Señor de las Maravillas. Este nombre le fue asignado por los milagros que ha realizado, según leyendas populares e historias de los mismos fieles que lo visitan todo el año y en dos fechas en específico, el 1 de julio y el tercer viernes de Cuaresma, ambos días lo llenan de regalos y música para agradecerle las “maravillas” recibidas. “Yo estaba muy mala antes, mis piernas ya no me respondían y hoy gracias a él, porque fue a nuestro Señor que me encomendé, ahora camino y puedo estar aquí frente a él, agradeciéndole con unos cirios y un arreglo floral, aunque es poco para lo que él se merece, le daría todo lo que tengo”, expresó Camila Sotomayor, quien es devota del Señor de las Maravillas. Origen de la imagen El Señor de las Maravillas es una de las imágenes más veneradas por la comunidad católica, la cual se ha convertido en la segunda más importante del país, después de la Virgen de Guadalupe, de acuerdo con especialistas. La efigie, según los relatos, fue obtenida por las monjas de la orden de Santa Mónica a través de una rifa, quienes por las noches escuchaban gemidos y golpes, lo cual atribuían a dos sayones romanos que sostenían látigos y que acompañaban al Señor de las Maravillas, razón que hizo que el rumor se propagara entre los feligreses, y de esta forma adquiriera fama, devoción y admiración. De ahí se desprende otra leyenda en la cual cuentan que una mujer visitaba de forma cotidiana la cárcel de San Juan de Dios para ver a su esposo; le llevaba alimentos y todo lo que él necesitaba, sin embargo, en una de las visitas conoció a un hombre a quien nadie iba a visitar y conmovida también le llevaba alimentos sin que su marido lo supiera. La relación entre el hombre y la mujer se convirtió en amistad que continuó pese a que su esposo había sido liberado, por lo cual el rumor llegó al marido de la mujer, quien en una ocasión la esperó afuera de la cárcel para cuestionarla acerca de lo que llevaba en su canasta, la esposa, sorprendida, alcanzó a encomendarse al Señor de las Maravillas y dijo “llevo maravillas para el señor”. Su marido no le creyó, por lo cual destapó la canasta y sólo encontró flores amarillas; la pareja entró de rodillas a la iglesia en donde la esposa le confesó la verdad, por lo cual fueron a buscar al hombre a prisión, pero al no encontrarlo infirieron que se trataba de Cristo quien le había puesto una prueba de amor. Por lo anterior, es de las imágenes más veneradas y que logró que la procesión de Viernes Santo sea de las más concurridas, ya que fue en su edición número tres cuando la imagen de más de 700 kilos salió a las calles de la ciudad de Puebla en hombros de porteadores pertenecientes a la Procesión del Silencio. 25 años de porteador Hugo luce cansado, con un caminar lento y una sonrisa que marca en su cara una serie de arrugas; saluda a todas las personas que se encuentran en el templo de San José, porta dos anillos de oro en su dedo angular que roban la atención de aquellos que se acercan, sin evitarlo, al dirigirse a él miran de tres a cuatro veces su mano y aquellos objetos ostentosos, los cuales llevan una cruz grabada en el centro y que de acuerdo con sus palabras, representan a la Cofradía del Silencio. Han pasado 25 años desde que Hugo Tessier se convirtiera en porteador del Señor de las Maravillas y en uno de los fundadores de la única cofradía que hay en la capital poblana; su labor de cargar la imagen más venerada del estado representa para él sólo el amor a Dios. “No se siente nada cuando cargas, todo lo que se hace es por amor a Dios, pero lo más hermoso es que vamos reflexionando lo que Dios sufrió, su pasión, muerte y resurrección”, menciona al tiempo que interrumpe su discurso para saludar a las personas que se acercan. “Buenas tardes doña Amalia, buen día don Fidel”, pronuncia una y otra vez, mientras relata cómo llegó a ser porteador. “En Semana Santa solía ir con el doctor Arturo a Jerusalén, paseábamos y era una época muy bonita de reflexión y cercanía con Dios, una experiencia hermosa, pero a él le salió una hernia y ya no pudimos viajar al año siguiente, sin saber que iban a hacer una procesión en Viernes Santo, llegamos al templo de San José, y el padre nos pidió ayuda para mover las imágenes porque estaban muy pesadas”, cuenta Hugo. Fue así como al año siguiente decidió formar la cofradía, la cual hermanó con un grupo de españoles que años antes habían llegado a la ciudad de Puebla y que ya habían formado ese grupo. Inició con 35 personas con el objetivo de acercar a los jóvenes a Dios, ya que en esta etapa los hombres no son cercanos a la Iglesia a diferencia de las mujeres, por lo cual los integrantes de esta cofradía sólo son varones. Pese a que sus padres eran católicos, Hugo recuerda su etapa de juventud como aventurera y no cercana al tema religioso, aunque sabe que el proceso vivido a lo largo de sus 56 años lo ha llevado a reflexionar y apasionarse por el amor a Dios, pero no a la conversión total, la cual compara a llegar a ser un santo. Aunque al principio era porteador tanto de la imagen del Señor de las Maravillas o Jesús de las Tres Caídas, se convirtió en tesorero de la cofradía, puesto que los años comenzaban a dejar estragos en él y no podía continuar con esa labor. “Fui el tesorero, pero no había recursos económicos, antes era el doctor y su servidor quienes hacíamos todos los gastos como las flores, la música, el vestuario, pero fue poco a poco que con la ayuda de uno de los padres del templo, nos hizo reflexionar que el dinero no podía salir siempre de nuestra bolsa porque representaría a la larga un peligro y hasta podría desaparecer la cofradía cuando ya no viviéramos”, relata Hugo, que tensa su rostro y mira a su alrededor. En tanto, los integrantes de la cofradía comienzan a realizar los preparativos para sacar las imágenes de las iglesias; de forma lenta y cuidadosa las mujeres barren de izquierda a derecha el polvo debajo de las bancas, al tiempo que los varones cuelgan fuera del templo de San José una manta que anuncia la procesión de Viernes Santo. Como hace 25 años lo hacía Hugo, aquellos hombres sin importar condición económica ni razón del por qué decidieron cargar al Señor de las Maravillas, vestirán con camisa de manga larga, pantalón, cinturón y zapatos del mismo color: negro, así como una banda y el distintivo de la cofradía. “Y con este acto le entregas tu voluntad y tu corazón, que es lo que quiere el Señor, el día que le entregas tu corazón no son necesarias las caminatas o ir de rodillas al templo para demostrarle tu amor”, dice convencido, a la vez que vuelve a sonreír.