Viernes 03 Abril 2015
La escenificación en la junta auxiliar Romero Vargas cumple 55 años Mario GALEANA  Han pasado 55 años desde que se llevara a cabo la primera representación de la vida, muerte y resurrección de Jesús en la junta auxiliar Ignacio Romero Vargas, desde entonces la obra ha traído la asistencia de por lo menos 30 mil personas; su calidad artística ha superado, inclusive, a la de la delegación Iztapalapa, en el Distrito Federal. El doctor Jorge Morales Flores, autor y coordinador de la representación de Pueblo Nuevo, interpretó el papel de Jesús por medio siglo y escribió la obra, que lleva como título El Eterno Redentor. Mientras sostiene la fotografía de aquella primera representación en 1960, Morales Flores explica a esta casa editorial cómo fue que a través de diversos sueños Jesús “en carne y hueso” le encomendó la tarea de enseñar su pasión. —¿Qué hacía antes de empezar a escribir la representación de Pueblo Nuevo? “Era un muchacho como cualquiera. Soy uno de los 18 hijos que tuvieron mis padres y, al igual que mi papá, trabajaba en la fábrica El Patriotismo, de obrero. Y además estudiaba la secundaria nocturna en la ‘Flores Magón’, que estaba por el Paseo Bravo”. —¿Cuándo se gesta la idea de realizar la escenificación? “Un buen día me acosté y empecé a soñar. En el sueño venía caminando hacia mi casa, que era de adobe y teja, al llegar a la entrada, noté que había mucha gente con palos y piedras que empezaron a golpearme. Me fui corriendo y la gente detrás de mí. Corrí hasta llegar a La Libertad, donde había un templo franciscano abierto. Corrí hacia él mientras la gente me perseguía y, al entrar, del lado derecho, estaba Jesús, crucificado en carne y hueso. Yo le dije: ‘Señor, defiéndeme, me quieren dar muerte y yo no les he hecho nada.’ Y él me contestó: Regresa con ellos. Debes enseñar cómo morí’. Y lo repitió: ‘Debes enseñar cómo morí’. En ese momento desperté, eran las 4 horas y ya no pude dormir. “Los siguientes meses tuve más sueños. En uno Jesús iba cargando una cruz, cubierto por una túnica blanca. Lo alcancé y me quedé a medio metro de él y vi cómo le caía la sangre sobre el rostro por la corona de espinas. Le pregunté: ‘¿Qué pesa mucho esa cruz, Señor?’, y volteó a verme y me contestó: ‘Tanto pesa, que pocos quieren cargarla’. “En otro sueño, un viejito de barba blanca y sombrero me llamó y me dijo: ‘Te está esperando el maestro Jesús allá en el atrio de La Purísima’. Subí corriendo y lo vi, lo saludé de frente, con su rostro bellísimo y le pregunté: ‘Señor, ¿hoy no llevas corona ni cruz?’ Y me respondió: ‘No, hoy vas a empezar tú’, y se fue caminado y el señor de barba blanca y yo lo fuimos siguiendo. Cruzamos el cerro donde ahora está el monumento a Cristo Rey y luego volvimos por donde habíamos llegado. A la distancia, se despidió de nosotros y se fue. Y yo le pregunté al señor de barba: ‘¿Esto qué significa?; ‘Viacrucis’, me respondió. Y entendí que había trazado el recorrido de un viacrucis que hasta la fecha seguimos”. —¿Cuándo escribe El Eterno Redentor? “Desde ese sueño pensé en armar una representación en vivo, escribir un libreto y que un grupo de actores la interpretaran. Mis 17 hermanos me decían que sería muy difícil, que debía ser aceptada en la Arquidiócesis. Yo me trababa en algunas cosas, como en el pasaje en el que Jesús defiende a la adúltera, ya que en la Biblia dice que se inclinó para escribir en el suelo y así salvarla, pero no dice qué fue lo que escribió. Entonces en otro sueño le pregunté eso, que qué cosas había escrito para defenderla. Y él me respondió que el nombre del que la acusaba y los delitos que había cometido. Por ejemplo, ‘Matías, usurero, asaltante y asesino’. “Cuando terminé la obra, la llevé a la Arquidiócesis, estaba el arzobispo Octaviano Márquez y Toriz cuando la avalaron”. —¿Por qué decidió interpretar el papel de Jesús por medio siglo? “Fue una promesa, a Dios. Cuando la representación ya llevaba cinco años, mi hermano Fidencio, con el que me llevaba entrañablemente, murió. Él había sido de los que me habían ayudado a fundar el cuadro de actores, así que decidí dejar de hacerla. La gente me decía que cómo era posible que abandonara la obra si había sido revelada, pero yo me negaba. En otro sueño encontré a Jesús sentado en un puente y me dijo que fuéramos a ver su pasión. Cuando llegamos a un monte, noté que era mi hermano Fidencio al que estaban crucificando. Y yo grité que no, que Fidencio no, que él no. Y me dijo: ‘Si tú no la quieres hacer, yo sí’. Y en ese momento me desvestí, me tendí sobre la cruz y prometí a Jesús interpretar su papel por 50 años. “Desde entonces la obra ha continuado, aunque ahora cambiamos el papel cada tres años porque es muy exhaustivo para los actores. A mí me preguntan que cómo es posible que aguantara los 50 años, y yo les respondo que se requiere de mucha fe, de mucha pero mucha fe”. ¿Ha vuelto a soñar a Jesús? “Hace un año soñé que regaba mis plantas, en el jardín, y que él aparecía. Le besé la mano y le dije que me sentía feliz porque había cumplido la promesa de actuar los 50 años. Y él me preguntó que cuánto tiempo podría estar yo dirigiendo la obra. Y yo le contesté: ‘El tiempo que tú me dejes. Aunque esté muy viejito, ahí voy a estar, hasta el tiempo que tú quieras. Y él asintió la cabeza”.