Miércoles 22 Julio 2015
Pareciera paradójico, pero con un ingreso inferior a 4 mil 100 pesos resulta más fácil adquirir una televisión nueva que la canasta básica alimentaria; comer o ir al cine, el debate Mario GALEANA DineroA un poblano con un salario inferior a los 4 mil 100 pesos le resulta más fácil adquirir una televisión nueva que la canasta básica alimentaria. De acuerdo con el Observatorio de Salarios de la Universidad Iberoamericana (Ibero) en Puebla, durante los últimos cinco años el costo de alimentos básicos como frijol o arroz se ha encarecido hasta en un 32 por ciento, mientras, de forma paradójica, los productos no alimentarios –sobre todo electrodomésticos como refrigeradores, televisiones u hornos de microondas– han abaratado su precio. Por ello, quizá, para el 47 por ciento de los poblanos que ganan menos de 136.56 pesos al día –destinados en un 21 por ciento al transporte, un 58 por ciento más a la alimentación y el resto en servicios, lo cual los deja sin acceso a actividades recreativas– los mismos aparatos que adquirieron en cómodas facilidades se han convertido en hipotecas que ahora se empolvan en alguna de las casas de empeño en Puebla. “Ya no alcanza” Martha López García es madre de dos niños. Hace dos años se convirtió en jefa de familia y, desde entonces, ha desfilado por múltiples empresas como recepcionista, capturista y secretaria, puesto donde se desenvuelve hoy en día y por el cual recibe “muy poco”: 4 mil pesos mensuales. Y, sin embargo, no es la única. Alrededor de un millón 206 mil 108 poblanos (el 47 por ciento de la población ocupada), percibe menos de 4 mil 100 pesos al mes, de acuerdo con información de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), correspondientes al primer semestre de este año. “Ya no alcanza. Hay que ir dándole vueltas para llegar a fin de mes. En los puros pasajes de camiones gastamos, mis hijos y yo, 40 pesos en total. A veces mi mamá me apoya y nos invita a comer, pero cuando no se puede tenemos que comprar comida corrida o tengo que hacer algo yo, aunque ya todo está muy caro”, confiesa angustiada. Martha reconoce que, de manera progresiva, con su salario ha adquirido cada vez menos: primero dejó de comprar yogurt; luego optó por una marca de leche más barata, “aunque menos buena”; y al final dejó de adquirir una despensa: “Ya sólo compro huevo, fruta, algunas verduras, leche, aceite y otras cosas, pero es lo mínimo”, explicó. La percepción de la jefa de familia no es equivocada. A decir del investigador de la Ibero Miguel Reyes Hernández, el costo de la canasta básica alimentaria ha tenido un incremento de hasta 500 pesos durante los últimos años. Esto último ha derivado en que sólo el 20 por ciento de la población en el estado pueda adquirirla. De acuerdo con el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), durante el mes de junio de 2011, alimentos como salchichas y jamón podían ser comprados entre 22 y 47 pesos el kilogramo, respectivamente. Al día de hoy, estos productos han tenido un aumento de hasta el 50 por ciento, ya que la salchicha, por ejemplo, posee un precio promedio de 33 pesos, mientras que el jamón subió hasta los 55, según comprobó esta casa editorial mediante un recorrido realizado en supermercados, tiendas de autoservicio y centros de abasto popular. El Inegi apunta también que la carne de cerdo y res costaban, hace cuatro años, entre 60 y 80 pesos el kilogramo, respectivamente. Hoy, sin embargo, alcanzan un costo promedio de 80 y 90 pesos. La carne sube… las teles bajan De manera paradójica, productos de la canasta básica no alimentaria se han mantenido e incluso algunos han disminuido su valor desde 2010 a la fecha. Según explicó el académico Reyes Hernández, la gente de escasos recursos tiene mayor probabilidad ahora que hace cinco años de comprar una televisión, una licuadora o un horno de microondas. La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) indica que en 2010 una pantalla de 32 pulgadas alcanzaba un precio mínimo de 9 mil pesos. En la actualidad, un televisor de las mismas proporciones y de marcas reconocidas puede ser adquirida a un precio mínimo de 4 mil 50 pesos; es decir, alrededor de 5 mil pesos menos. Pero la accesibilidad a dicho tipo de electrodomésticos, sin embargo, pareciera ser un arma de dos filos. Martha López García reconoce, por ejemplo, que ha tenido que empeñar televisiones y alhajas para poder llegar a fin de mes, aunque tarde hasta medio año en poder recuperar sus posesiones. “Los préstamos están muy caros. Una pide mil pesos y al final termina pagando el doble. En las casas de empeño el interés es menor, pero luego cuesta poder sacar las cosas. La abuela de mi hijo le compró una tablet de mil 500 pesos pero que tenemos empeñada desde febrero. No la hemos podido sacar por los gastos de la escuela”, explica la madre de familia. En la entidad, sin embargo, no hay estudios que permitan identificar de manera plena la cantidad de poblanos que recurren al empeño como válvula de escape para no quedarse sin un peso antes de recibir su salario. La Profeco indica que alrededor del 57 por ciento de la población de la zona metropolitana del país se ha visto obligada a poner en hipoteca alguno de sus bienes, las joyas y los electrodomésticos son las posesiones más recurridas. Por su parte, la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) indicó, a través de un estudio de hábitos de compra, que a finales del año pasado por lo menos el 15 por ciento de los universitarios había puesto en empeño alguna prenda. Sin acceso a recreación, 47 por ciento de poblanos Pero los ínfimos salarios del 47 por ciento de la población poblana que se encuentra ocupada los ha dejado, a su vez, sin acceso a actividades recreativas. Una persona que gana menos de 136 pesos al día (el equivalente a dos salarios mínimos), destina alrededor de 40 pesos en poder transportarse dentro de la ciudad; 60 pesos más para su alimentación y el resto se dirige al pago de servicios como luz, agua, renta o gas. Tan sólo el alquiler mensual de un departamento o de un cuarto oscila entre los mil y los 3 mil 500 pesos mensuales. En tanto, el pago correspondiente a los servicios de agua potable alcanza, al mes, los 100; mientras que por concepto de gas LP se destinan 300 por el mismo periodo de tiempo. Esto último imposibilita acudir, por ejemplo, a ver una película al cine ya que cada boleto posee un precio de 50 pesos. Las funciones teatrales, a su vez, alcanzan un costo de entre 50 y 250, mientras que espectáculos como circos, conciertos o exhibiciones alcanzan los 80 como mínimo. Cuatro de cada 10 poblanos, entre los que se encuentran Martha y sus hijos, se debaten entre comer o ir al cine. La duda, por supuesto, se disipa muy rápido. // Cree su propia encuesta de comentarios de usuarios