Sábado 03 Octubre 2015
René VALENCIA ROMERO VARGAS 6Los colonos de la junta auxiliar Ignacio Romero Vargas, ubicada sobre el bulevar Forjadores, denuncian que la droga-dicción entre los jóvenes ha generado un incremento en la delincuencia. En los últimos 30 años los grupos delictivos de la zona controlan la distribución de enervantes, el atraco a hogares, y el registro de los distribuidores para los comerciantes locales, por lo que la seguridad y bienestar de los habitantes están en riesgo. La señora Ana María Ortega de 62 años, quien trabaja en una abarrotera dentro de la junta auxiliar, comentó que tiene problemas con los malhechores que visitan su negocio y teme que la hieran físicamente en algún momento. “Yo veo que la gente que pasa es de mal. Me he dado cuenta por los vecinos que cuentan que los muchachos se de-dican a robar”. Ana María lleva habitando más de 10 años el lugar, razón por la cual reconoce a cada una de la personas que viven en los alrededores, por ello refirió que los maleantes son ajenos a Romero Vargas, “no son conocidos, ni de aquí son”, dijo. Su principal temor es que los bandidos a los que describió como personas vestidas con harapos sucios y repletos de grasa, que cubren sus bocas con tela, con el objetivo de no ser reconocidos, acuden con frecuencia a su local para consumir bebidas. Otro de los afectados, mencionó que hace más de 30 años las personas que emigraron a los Estados Unidos en busca de oportunidades, regresaron con severos problemas de adicción. “Ni siquiera les importó darles algo a su familia, solamente se fueron a malear y volverse unos viciosos”. La molestia del vecino se debe a que el problema se proliferó a otras zonas de Romero Vargas, tales como: Calzada Zavaleta, la Colonia la Libertad y Cuautlancingo. En estos puntos es donde aseguran hay mayor consumo de drogas, y una fijación para robar a mano armada o a casas. Aseveró que Romero Vargas está compuesto por grandes personas y vecinos generosos que están dispuestos a ayudarse entre si, no obstante, la mala fama de la colonia se debe a que personas de otros lugares se acercan a la zona para cometer atracos. “Nosotros estamos cansados de que las personas piensen que aquí es un lugar violento y de rateros, cuando nosotros somos gente de bien”. Jorge Cordero Corrado, vende tamales a sus 61 años de edad, y manifestó que los ladrones son especialistas en hurtar, sobre todo por la noche, en consecuencia, los lugareños por temor a ser agredidos, prefieren ya no salir a las calles. “Nos afecta los asaltos, los insultos, la falta de respeto a los transeúntes, a la esposa y a la pareja”. Detalló que para prevenir despojos en los inmuebles, los inquilinos tuvieron que realizar modificaciones en sus hogares y negocios, ahora están rodeados por protecciones que prohíben el acceso a las personas, los tanques de gas son resguardados con rejas y han cubierto los techos con mallas para proteger sus tuberías. Propietarios de los negocios establecidos aseguraron que a sus distribuidores los amenazan para poder entrar y entregar los productos que comercializan para mantenerse. Gabriel, quien distribuye pan en las tiendas al interior de la colonia, aseguró que les exigen dinero o de lo contra-rio son amenazados. “Ya se les quedó la costumbre de pedir”. Reconoció que los ataques hacia él y sus compañeros han disminuido, pues antes les quitaban mercancía o sus pertenencias, cuando se negaban a cumplir las demandas de los estafadores. “Ya no me tocó, pero a mis compañero sí les tocó que los agredieran”. Aunque la cuota solicitada no supera los 5 pesos, el mínimo acumulado para llegar a su destino es de 20 pesos por día, ya que cuatro veces al día tiene que estar dando su mochada, agregó que “Como tengo años viniendo acá no me hacen nada, pero eso no les quita la costumbre”. Adicción a la heroína Uno de los vendedores de drogas afirmó que lo que más ronda en la colonia, es la heroína, de la cual él también es adicto, sin embargo, esta no es la principal razón de los males explicó. Él además de vender droga, también se dedica a asaltar a sus vecinos, se mete a los locales y se lleva la mercancía o incurre en los hogares con la intención de encontrar algo que le ayude a financiar su adicción. “El problema es que uno sigue en el consumo y no puede hacer nada contra la obsesión” Así justificó sus acciones, relató que “el dolor incontrolable que siente al abstenerse, la ansiedad te deja indefenso y haces lo que no quieres, pero al final no puedes cambiar porque te agrada demasiado las sensaciones de la droga”. De 27 años, el joven distribuidor acepta que ha consumido enervantes desde hace 14 años, y que en todo ese tiempo ha tenido que realizar actos cada vez más duros y financiar así su adicción, incluso confesó que lleva menos de un mes en la calle porque estuvo encarcelado por robar. “He estado varias veces en un penal, en separos y cosas así. La mayoría de las personas que consumimos terminamos pasando por eso”. Dijo que como la mayoría de los adictos están ocupados en conseguir dinero para consumir, antes que pensar en juntarse y convivir, existen cada vez menos pandillas en la colonia Ignacio Romero Vargas, a la que describió como un lugar calmado.