Sábado 28 Noviembre 2015
La principal ocupación de los jóvenes del barrio es el vandalismo, seguridad es lo único que preocupa a vecinos René VALENCIA Los jóvenes optaron por ser delincuentes en la colonia el Tamborcito, ubicada a un lado del Centro Médi­co Nacional de Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) San José, debido a que los grupos delictivos crecen, mientras que el personal de seguridad pública disminuye. Lo anterior lo aseguraron los colonos del Tamborcito, quie­nes consideran que Puebla evo­lucionó con todas sus obras e inversiones que atrajeron, no obstante, sus hogares son idén­ticos desde hace décadas. Gerardo Benítez Ortega, uni­versitario de 22 años, caminaba con su novia sobre uno de los jar­dines principales cuando compar­tió que en los seis meses que lleva rentando un apartamento cercano se ha dado cuenta que la mayoría de los colonos y comerciantes son personas mayores, pero los jóve­nes son quienes dominan las calles. En los últimos meses, aseguró, las personas tienden a salir de sus hogares con poca frecuencia, salvo a buscar alimentos o por los niños a los colegios, pues una gran can­tidad de bandas locales se adueña­ron de las zonas recreativas: par­ques, avenidas y aceras. A partir de las 18 horas, pocos salen, ni siquiera los agentes de seguridad municipal rondan las calles, aun cuando en julio pasado los usuarios de la Red Urbana De Transporte Articulado (RUTA) de la línea 2 fueran tomados por jóve­nes encapuchados. “A nosotros no nos preocupa tanto los hoyos que se ven en las calles, nos molesta que no poda­mos salir a la calle por temor a que pueda pasarnos algo”, mencionó. La señora Rosario Mendieta de 72 años, paseaba con sus pequeños nietos de 6 años en las áreas verdes, pero, sostuvo, que “su mayor pre­ocupación son los niños”, pues no sabe qué clase de futuro les depara al vivir en esa zona. Ella tiene más de 40 años viviendo en la zona, por lo que sabe que las calles se aprecian casi de la misma forma cuando las conoció, cuando sus hijos apenas cursaban la secun­daria: “no puede ser que ni la vir­gen haya cambiado, fíjate que ni colores tiene”. Comentó que en el último año le robaron a la madre de sus nietos las llantas del carro, la defensa y hasta los faros de su vehículo; ase­guró sentirse desprotegida porque, cerca de su domicilio, a unas cuantas calles de una gasolinera, se reú­nen personas por la madrugada a comercializar “bolsas negras”. “Como a la una de la mañana debería venir a ver cómo unos vagos se están drogando aquí cerquita”, describió. Por esos motivos, cree que la colonia es una zona insegura para los menores, debido a que podrían ser influenciados durante su ado­lescencia a cometer atracos o con­sumir enervantes, no obstante reconoció que la policía se pasea, pero no cuando la necesitan. “Cuando queremos que estén (agentes) no llegan, pero cuan­do ni los necesitamos aquí están. Parece que lo hacen a propósito”, concluyó. Advertencia policial Al irse la señora de la tercera edad un policía municipal que realiza­ba su rondín las inmediaciones se detuvo a un costado de una fotó­grafa, hecho que podía percibirse como señal de agresividad, pero fue todo lo contrario, el agente le advirtió sobre el riesgo de tener cosas de valor a la vista: “joven guarde eso, no vaya a ser que la asalten”, comentó. El agente conversó con ella y le explicó que la colonia es muy peligrosa y que los maleantes están al acecho. Pagan piso Para reforzar esa declaración, un vendedor de películas pirata de la colonia destacó que tanto a él como a los de su gremio son intocables ante los asaltantes porque pagan un derecho de piso, también cono­cido como de seguridad, para des­empeñar sus labores diarias. “Compa te diré una cosa muy cierta: aquí roban, pero no a cual­quiera, sólo a quienes no pertene­cen a aquí, porque a ellos ni qué les puedan a hacer”, agregó. Reconoció que los más vulne­rables son personas ajenas a los barrios, pues entre ellos deciden esquivar confrontaciones innece­sarias evitando robar a personas que conozcan entre ellos. “Lo últi­mo que quieren es andarse matan­do por estupideces”, externó. Robos a plena luz del día Por su parte el guardia de seguri­dad de una cadena internacional de alimentos, a un lado del nosoco­mio del IMSS San José, relató que su turno cubre hasta las 23 horas; sin embargo, para aminorar la jor­nada recorre el estacionamiento. En algunos de sus recorri­dos presenció que la parada de autobuses, ubicada al frente, una pareja de hombre y mujer de mediana edad se sentaba poco antes de las 13 horas a supervi­sar el tráfico de los jóvenes y des­pojarlos de sus pertenencias. La técnica que utilizan es mediante llamadas por teléfono y silbidos, no obstante, su opera­ción es rápida: a las mujeres las despojan de sus aretes, cadenas, monederos y celulares, mientras a que los hombres les arrebatan los móviles de sus manos. “Quién sabe cómo le hacen, pero todo el día veo cómo corren con cosas de un extremo del puente al otro”, aseguró. Los vecinos declaran que lo que piden es que refuercen la seguridad pública de las regiones cercanas, para que puedan recobrar la con­fianza de las calles y puedan salir a recorrer las avenidas que cono­cen desde siempre.