| La principal ocupación de los jóvenes del barrio es el vandalismo, seguridad es lo único que preocupa a vecinos René VALENCIA Los jóvenes optaron por ser delincuentes en la colonia el Tamborcito, ubicada a un lado del Centro Médico Nacional de Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) San José, debido a que los grupos delictivos crecen, mientras que el personal de seguridad pública disminuye. Lo anterior lo aseguraron los colonos del Tamborcito, quienes consideran que Puebla evolucionó con todas sus obras e inversiones que atrajeron, no obstante, sus hogares son idénticos desde hace décadas. Gerardo Benítez Ortega, universitario de 22 años, caminaba con su novia sobre uno de los jardines principales cuando compartió que en los seis meses que lleva rentando un apartamento cercano se ha dado cuenta que la mayoría de los colonos y comerciantes son personas mayores, pero los jóvenes son quienes dominan las calles. En los últimos meses, aseguró, las personas tienden a salir de sus hogares con poca frecuencia, salvo a buscar alimentos o por los niños a los colegios, pues una gran cantidad de bandas locales se adueñaron de las zonas recreativas: parques, avenidas y aceras. A partir de las 18 horas, pocos salen, ni siquiera los agentes de seguridad municipal rondan las calles, aun cuando en julio pasado los usuarios de la Red Urbana De Transporte Articulado (RUTA) de la línea 2 fueran tomados por jóvenes encapuchados. “A nosotros no nos preocupa tanto los hoyos que se ven en las calles, nos molesta que no podamos salir a la calle por temor a que pueda pasarnos algo”, mencionó. La señora Rosario Mendieta de 72 años, paseaba con sus pequeños nietos de 6 años en las áreas verdes, pero, sostuvo, que “su mayor preocupación son los niños”, pues no sabe qué clase de futuro les depara al vivir en esa zona. Ella tiene más de 40 años viviendo en la zona, por lo que sabe que las calles se aprecian casi de la misma forma cuando las conoció, cuando sus hijos apenas cursaban la secundaria: “no puede ser que ni la virgen haya cambiado, fíjate que ni colores tiene”. Comentó que en el último año le robaron a la madre de sus nietos las llantas del carro, la defensa y hasta los faros de su vehículo; aseguró sentirse desprotegida porque, cerca de su domicilio, a unas cuantas calles de una gasolinera, se reúnen personas por la madrugada a comercializar “bolsas negras”. “Como a la una de la mañana debería venir a ver cómo unos vagos se están drogando aquí cerquita”, describió. Por esos motivos, cree que la colonia es una zona insegura para los menores, debido a que podrían ser influenciados durante su adolescencia a cometer atracos o consumir enervantes, no obstante reconoció que la policía se pasea, pero no cuando la necesitan. “Cuando queremos que estén (agentes) no llegan, pero cuando ni los necesitamos aquí están. Parece que lo hacen a propósito”, concluyó. Advertencia policial Al irse la señora de la tercera edad un policía municipal que realizaba su rondín las inmediaciones se detuvo a un costado de una fotógrafa, hecho que podía percibirse como señal de agresividad, pero fue todo lo contrario, el agente le advirtió sobre el riesgo de tener cosas de valor a la vista: “joven guarde eso, no vaya a ser que la asalten”, comentó. El agente conversó con ella y le explicó que la colonia es muy peligrosa y que los maleantes están al acecho. Pagan piso Para reforzar esa declaración, un vendedor de películas pirata de la colonia destacó que tanto a él como a los de su gremio son intocables ante los asaltantes porque pagan un derecho de piso, también conocido como de seguridad, para desempeñar sus labores diarias. “Compa te diré una cosa muy cierta: aquí roban, pero no a cualquiera, sólo a quienes no pertenecen a aquí, porque a ellos ni qué les puedan a hacer”, agregó. Reconoció que los más vulnerables son personas ajenas a los barrios, pues entre ellos deciden esquivar confrontaciones innecesarias evitando robar a personas que conozcan entre ellos. “Lo último que quieren es andarse matando por estupideces”, externó. Robos a plena luz del día Por su parte el guardia de seguridad de una cadena internacional de alimentos, a un lado del nosocomio del IMSS San José, relató que su turno cubre hasta las 23 horas; sin embargo, para aminorar la jornada recorre el estacionamiento. En algunos de sus recorridos presenció que la parada de autobuses, ubicada al frente, una pareja de hombre y mujer de mediana edad se sentaba poco antes de las 13 horas a supervisar el tráfico de los jóvenes y despojarlos de sus pertenencias. La técnica que utilizan es mediante llamadas por teléfono y silbidos, no obstante, su operación es rápida: a las mujeres las despojan de sus aretes, cadenas, monederos y celulares, mientras a que los hombres les arrebatan los móviles de sus manos. “Quién sabe cómo le hacen, pero todo el día veo cómo corren con cosas de un extremo del puente al otro”, aseguró. Los vecinos declaran que lo que piden es que refuercen la seguridad pública de las regiones cercanas, para que puedan recobrar la confianza de las calles y puedan salir a recorrer las avenidas que conocen desde siempre. |