Viernes 26 Agosto 2016

El sonido es indescifrable; entre la música, el motor, el resonar de los vidrios y asientos por el movimiento; el chofer no oye que le tocaron el timbre, el pasajero molesto lo toca de forma continua y más de una vez, enojado por la insistencia, el operador le grita: ¡Ya te oí!, frena de manera abrupta y no espera ni cinco segundos para que el usuario descienda de la unidad.

Al avanzar las calles, se pasa los topes, los altos y se detiene en las paradas que quiere para subir al pasaje mientras ve que no lo alcance otra unidad de su misma ruta que le pueda ganar el tiempo y con ello checar más rápido para la siguiente vuelta, ya que sabe que si se atrasa no le tocan las horas pico, las salidas de escuela o las salidas de las oficinas y trabajos.

No ha habido día en que Pilar Guzmán, usuaria del transporte, en el que haya subido a una unidad del transporte público y la hayan tratado con amabilidad, la cual valora como un saludo al pagar, esperar el tiempo pertinente para ascender y descender e ir a una velocidad decente. Por las mañanas, sólo se conforma con que el conductor escuche las noticias y no reguetón o sonidero.

Bien juntos y a doble fila les pidieron colocarse a los pasajeros de la ruta 72A, que al ser una de las que atraviesa una buena cantidad de plazas y sitios comerciales, traslada a un número importante de personas a diario.

Otra usuaria, Irma López, recuerda cuando le extrajeron la cartera durante el viaje a su trabajo, no lo olvida por dos razones: porque tenía media quincena con sus identificaciones y porque no pudo ver al sujeto que se llevó sus pertenencias por el hacinamiento en el que viajaba.

Por su parte, los choferes, sólo se dedican a hacer su trabajo, según indican. Lo único que quieren es sacar su chamba y mientras más pasaje cobran, más dinero pueden llevar a sus familias. Para ellos, la mejor temporada es la de escuela, pues grandes volúmenes de personas se movilizan en el transporte público.

Ante la posibilidad del incremento en la tarifa del transporte público, los choferes se dicen indiferentes, pues para ellos resulta la misma ganancia, si suben el pasaje el dueño de la unidad les sube también la cuenta.

Mientras hacían base en la 28 Oriente y 2 Norte, los conductores de la ruta 7A comentaron a El Popular, diario imparcial de Puebla que las ganancias para un operador van de los 200 pesos en un mal día, a los 600 en uno bueno, lo cual depende del pasaje que suba y del horario, que de forma usual es de las 6 a 22:30 horas, sin alguna pausa para descansar.

Cerca de dicha ubicación, un grupo de unidades de la ruta 54 a se reunieron para checar y aseguraron que apenas ganan el 15 por ciento del total de una cuenta del día, es decir, que si entregan por una jornada cerca de mil 200 pesos, sólo se quedan con 180 pesos de todo lo ganado.

Entre risas, comentaron que también depende de si los "raterillos", si "se las perdonan", porque cuando sufren algún asalto se van "con las manos vacías" a casa; si el jefe es bueno, se los perdonará, pues no estuvo en sus manos, pero si no, les descontará lo perdido.

Al final, como muchos trabajadores, están en el limbo, pues aunque aumenten los costos de sus unidades, su sueldo sigue siendo el mismo.