Sábado 30 Diciembre 2017

José Juan Domínguez y su familia piden limosna casi todos los días en el Centro Histórico de la ciudad de Puebla, él solía trabajar en el campo pero se accidentó y una de sus piernas quedó lastimada y ahora se le dificultad caminar, lo cual trajo como consecuencia que en su trabajo lo despidieran y al no saber leer ni escribir, decidió probar fortuna en la capital; sin embargo, nadie le ha empleado y su escasa economía ha hecho que no celebre Navidad ni Año Nuevo.

En Navidad pidió limosna y vendió chicles desde las 8 hasta las 21 horas, cuando ya no pudieron aguantar el frío decidieron irse a dormir. Sus hijos de 2 y 5 años de edad no saben de la existencia de Santa Claus y aunque en su pueblo sí creen en los Reyes Magos, optará por no decirles nada "para no romper su corazón".

El 24 de diciembre ganó 300 pesos, que lo ayudaron a comprar un pollo, arroz, tortillas y un refresco que costó 110 pesos; el resto lo guardó para la renta de este mes, ya que al quilan un "cuartito" por la Central de Autobuses de Puebla (Capu), que les cobra 600 pesos mensuales, tienen electricidad y agua fría, pues si ocupan resistencia para calentar su agua elevaría el costo de la luz.

Señala que a duras penas logra pagar su cuarto con lo que vente, pues "hay días buenos y días malos", a veces gana 100 pesos en una jornada y, en los malos sólo junta 50 pesos que ocupa para sus medicinas, transporte y comida.

José Juan ha pensado muchas veces en regresar a su pueblo que está cerca de Cuetzalan, pero allá todos lo "ven como un fracaso y un hombre inservible por no poder trabajar". Si decidió traer a su familia, fue porque teme que alguien les haga algo.

Explicó que su esposa es huérfana y si él la deja sola estaría a la deriva, incluso detalla que en su lugar de origen sigue siendo mal visto que una mujer con hijos no esté al lado de un hombre.

Pensó que al llegar a Puebla le darían trabajo de intendente o velador, pero en todos los trabajos le piden experiencia y que sepa leer y escribir, cuando José lo único que sabe es dedicarse a recolectar café, labor que aprendió a hacer desde los 6 años de edad.

Sus ojos se humedecen cuando relata que tuvo que comprar una caja de chicles y decirle a su esposa que se pusiera a venderlos en el centro y que si no los compraban que pidiera dinero para poder comer. "Hay gente de todo, que me da hasta 50 pesos, otra que me dice 'ponte a trabajar', pero no saben la pena que siento al hacer esto y que por más que he tratado nadie me da trabajo".

Para José y su familia no habrá celebración, ni mucho menos regalos en Año Nuevo, sólo esperan ganar una vez más 300 pesos para tener "la barriga llena" y poder trabajar con fuerzas al otro día, pues su deseo es que la situación mejore el próximo año.