Violar a una menor y salir impune… pasa en Puebla

La frivolidad de las políticas públicas privilegia que se descuiden los programas dedicados a la infancia.

Violar a una menor y salir impune… pasa en Puebla
Agencias | Abuso sexual en menores Violar a una menor y salir impune… pasa en Puebla

Marta tenía 16 años el día que a la salida de su escuela, un hombre que frecuentaba a su familia y decía ser su amigo, la desplazó con engaños hacia una pradera desierta, donde la atacó. El abuso sexual en su contra, ocurrido en el municipio serrano de Tepetzintla, se replica en cientos de casos donde el denominador común cambia según el nivel de tortura que se impone.

Puebla es un estado de abusadores de niñas y niños, en el que de acuerdo a reportes oficiales la sentencia para castigar a un violador tarda en llegar hasta 19 años después de haberse cometido el delito.

Y la frivolidad de sus políticas públicas ha privilegiado el uso de recursos para sufragar gastos de funcionarios del DIF Estatal, sobre los programas dirigidos al cuidado de la infancia.

En 2019 este organismo destinó apenas 419 mil 990 pesos al Departamento de la Defensa de la Infancia y la Familia, además del Departamento de Clínicas de Prevención y Atención al Maltrato; ese mismo año gastó un millón 684 mil 636 pesos en boletos de avión y viáticos para funcionarios.

Técnicamente, violar a una niña, a una joven, e incluso a un bebé es una de las prácticas más impunes que persisten en nuestro Sistema de Justicia. Los números son alarmantes: año con año Puebla figura como uno de los estados con las cifras más elevadas por violación equiparada; es decir, es uno de los estados más crueles para la infancia, ya que no existe un dato concreto de casos atendidos o denunciados entre las distintas dependencias del gobierno estatal.

La Fiscalía de Puebla reportó mil 22 denuncias entre 2015 y 2019; la Secretaría de Salud atendió a 311 niños abusados en los últimos cuatro años; y el Sistema DIF Estatal dio tratamiento hasta a 264 casos a todo el estado desde el 2011.

También lee: Disculpe, nos disculpe, nos están matando

Si consideramos que en el país sólo se denuncia el 6.8 por ciento de los crímenes, las autoridades poblanas están lejos de saber el número exacto de niños violados, sumado a las discrepancias entre las instituciones de salud o del DIF para el tratamiento de menores abusados.

En estos cuatro años, los ministerios públicos han recabado 13 mil 992 testimonios de niños abusados en todo el país. Estados como Tlaxcala aseguran que no han recibido ninguna denuncia de este tipo, pero a 30 kilómetros se encuentra otra realidad para los niños.

Como lo ha reportado El Popular, diario imparcial de Puebla, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (Sesnsp) coloca a la entidad como el quinto lugar con más denuncias por violación equiparada.

El 2019 alcanzó un récord en carpetas de investigación con 351 casos, cuando se posicionó al estado como el segundo a nivel nacional.

Entre 2015 y 2019, el Estado de México abrió 3 mil 668 carpetas de investigación; Baja California, mil 762; Nuevo León, mil 382; Chihuahua, mil 132; y Puebla, mil 22 casos. La tendencia en nuestro estado refleja que denunciar la violación de un niño incrementó hasta 149 por ciento en los últimos cuatro años.

La impunidad persiste en el estado. Si en cinco años se denunciaron hasta mil 22 casos de violación equiparada en Puebla, en ese mismo periodo la Fiscalía General del Estado (FGE) presumió 29 detenciones por este delito. En su mayoría, los agresores fueron identificados como amigos de la familia, e incluso los mismos padres.

Las autoridades ministeriales sólo detuvieron al 2.8 por ciento de los responsables.


Registro de delitos

Desde el 2015, el gobierno federal comenzó a registrar los casos de abuso sexual infantil bajo el concepto de violación equiparada, en el que autoridades determinan este delito bajo tres conceptos: cuando a un menor se le introduce al ano o vagina algún elemento distinto al miembro viril; cuando se tienen relaciones sexuales con el menor que no tiene la capacidad de comprender el significado del hecho, sin importar que exista violencia física; cuando se forcejea con un menor para tener relaciones sexuales sin que pueda oponer resistencia.