La madrugada del 7 de enero de 2026, Estados Unidos comenzó a instalar boyas flotantes en el Río Bravo, con el objetivo de ampliar las barreras físicas para evitar el cruce ilegal de migrantes desde México. La medida forma parte de un proyecto de reforzamiento fronterizo que combina vigilancia constante y estructuras flotantes. Las boyas, que ahora incluyen rodillos de color naranja con un diámetro de entre 1.2 y 1.4 metros, se colocan en la porción del río que colinda con Coahuila, México, y Texas, Estados Unidos. Funcionan como continuación de un plan iniciado en 2023, financiado por fondos federales del gobierno estadounidense. La Embajada de Estados Unidos en México advirtió en sus redes sociales que la frontera no solo está protegida en tierra, sino también sobre el río, y pidió a quienes intenten cruzar que no pongan en riesgo su vida, pues serán detenidos y deportados.
Te puede interesar: Trump amenaza con “opciones muy contundentes” contra Irán tras sangrienta represión de manifestantes Autoridades estadounidenses destacan que los rodillos reemplazan a las antiguas “bolas” flotantes, pero mantienen la misma función: dificultar el cruce irregular, combatir el tráfico de personas y prevenir el trasiego de drogas. Kristi Noem, secretaria de Seguridad Interior de Estados Unidos, subrayó que la estructura representa un peligro para quienes intenten atravesarla, reforzando la necesidad de cumplir con los procedimientos legales de migración.
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