15 Febrero 2026

La lectura de literatura es un acto ligado al placer y no una práctica que pueda imponerse por decreto, sostuvo el escritor y docente Jaime Mesa durante una conversación en Sentido Común, espacio de análisis de El Popular.

También puedes leer: Sí hay profetas en casa: la soprano Rebeca Olvera vuelve a Puebla

“Nadie está obligado a leer. Porque leer es una de las bellas artes”, afirmó Mesa al cuestionar las campañas institucionales que buscan medir el hábito lector mediante metas cuantitativas. A su juicio, la literatura no puede evaluarse bajo los mismos criterios que otras actividades formativas, ya que “solo se lee por placer” y ese placer no es dosificable.

El autor señaló que asociar la lectura con una mejora moral o intelectual automática resulta problemático. “Se es mejor si se lee, cosa que no es cierto. Se sabe más del mundo si se lee, cosa que no es cierto”, explicó, al tiempo que advirtió sobre la estigmatización de quienes no encuentran en la literatura su principal forma de consumo cultural.

No creo que ninguna política pública de fomento a la lectura funcione, haya funcionado o vaya a funcionar, porque el arte y la literatura son placer. Y el placer no se puede imponer, no se puede medir ni se puede decretar desde una campaña.

El papel del Estado: acceso, no imposición

En ese contexto, Mesa planteó que el papel del Estado no debería centrarse en obligar a leer, sino en garantizar el acceso a los libros y a entornos donde la lectura sea posible. “No creo que ninguna política pública de fomento a la lectura funcione, haya funcionado o vaya a funcionar”, señaló, al considerar que el placer no puede ser inducido mediante campañas.

No obstante, reconoció que existen acciones institucionales con impacto positivo, particularmente aquellas orientadas a la disponibilidad material de los libros. “Poner libros a disposición en bibliotecas, en proyectos de fomento de lectura baratos”, dijo, es una de las pocas estrategias comprobables. A ello sumó la importancia del ejemplo desde lo público: “Si quieres enseñarle a un pueblo que sea lector, tú tienes que ser lector”.

Mesa recordó programas editoriales de bajo costo que acercaron literatura a amplios sectores de la población y subrayó que la curaduría —es decir, quién selecciona los títulos— resulta clave para su éxito.

“No creo que ninguna política pública de fomento a la lectura funcione, haya funcionado o vaya a funcionar, porque el arte y la literatura son placer. Y el placer no se puede imponer, no se puede medir ni se puede decretar desde una campaña.”

Papel o pantalla: el soporte como discusión de época

Otro de los ejes abordados fue el debate entre la lectura en formato impreso y digital. Para Mesa, se trata de una discusión recurrente que responde más a cambios generacionales que a una diferencia esencial en la experiencia lectora. “Es una discusión de épocas”, afirmó, y resumió la idea con una metáfora: “Da igual, lo importante es el café”.

El soporte no determina por sí mismo la calidad de la lectura, asegura Jaime Mesa
El soporte no determina por sí mismo la calidad de la lectura, asegura Jaime Mesa

El escritor reconoció las ventajas del formato digital, como el acceso inmediato, el menor costo y la portabilidad, especialmente para jóvenes con recursos limitados. Sin embargo, también señaló una diferencia significativa en términos de memoria y apropiación del texto. “Yo con toda mi biblioteca… sabía año de publicación, editorial, autor”, dijo, y contrastó esa experiencia con la lectura digital: “Leí muchos libros en Kindle y no me acuerdo casi de ninguno”.

Aun así, consideró que el soporte no determina por sí mismo la calidad de la lectura, sino el uso que cada persona hace de él y sus necesidades concretas.

“Creo que es una discusión que además ya está medio superada. El soporte es una plataforma; lo importante es de qué libro estamos hablando y qué dice ese libro, no si se lee en papel o en digital.”

¿Cómo leen las juventudes actualmente?

En relación con las juventudes, Mesa rechazó la idea de que no lean, aunque reconoció transformaciones profundas en los hábitos lectores. Indicó que hoy se consume una gran cantidad de textos fragmentados y resúmenes, en un contexto marcado por la inmediatez y la multitarea.

Este fenómeno, explicó, se inserta en una crisis contemporánea de la atención, que no solo afecta a los libros, sino también al cine, las series y otras formas narrativas. “Hoy se busca haber leído más que leer”, señaló, al describir una lógica de productividad cultural donde importa más el dato que la experiencia.

Pese a ello, sostuvo que el interés por las historias persiste y que las formas de acceso a la lectura continúan transformándose, sin que ello signifique necesariamente su desaparición.