Viernes 07 Agosto 2026

Cada 8 de agosto se conmemora el Día Internacional del Orgasmo Femenino, fecha que se popularizó a partir de iniciativas de salud sexual surgidas en Brasil a mediados de la década de 2000.

El objetivo de esta conmemoración es visibilizar las brechas de información, placer y atención médica que persisten alrededor de la sexualidad femenina en distintos países.

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El cuerpo y el cerebro trabajan de forma coordinada

Durante el orgasmo se activa el sistema nervioso autónomo y aparecen contracciones rítmicas en la musculatura pélvica y del útero, según explican especialistas en neurociencia.

En paralelo, el cerebro moviliza circuitos de recompensa, emoción y atención, con participación de zonas como el hipotálamo, la amígdala y el hipocampo, según estudios de neuroimagen.

La corteza prefrontal, encargada del control cognitivo, reduce su actividad durante el clímax en algunas personas, lo que intensifica la sensación de placer y desconexión momentánea.

No existe una duración universal para el orgasmo femenino, aunque en términos fisiológicos suele oscilar entre 5 y 20 segundos, con variaciones según cada persona.

El clítoris concentra la mayor densidad de terminaciones nerviosas vinculadas al placer sexual, lo que explica por qué gran parte de los orgasmos requieren estimulación clitoriana directa o indirecta.

Esta evidencia científica desmonta un mito persistente: que el orgasmo debe ocurrir únicamente con penetración, cuando en realidad esto no sucede así para muchas mujeres.

Algunas personas describen al orgasmo como una única “ola” breve; otras, una secuencia de pico

La dificultad para llegar al orgasmo tiene causas múltiples

Factores cotidianos como la falta de estimulación adecuada, el estrés, el dolor o la preocupación por el desempeño sexual pueden dificultar que una mujer alcance el clímax.

También influyen causas médicas como el uso de ciertos antidepresivos, cambios hormonales por posparto o perimenopausia, trastornos del sueño, ansiedad y problemas de comunicación en la pareja.

No llegar al orgasmo en algunas ocasiones puede ser normal, salvo que la dificultad sea persistente, genere angustia o se presente junto con dolor o cambios recientes en el deseo.

La anorgasmia es la dificultad persistente para tener un orgasmo pese a estimulación suficiente y deseo, y puede evaluarse mediante historia clínica, salud general y factores psicológicos.

El orgasmo puede asociarse con relajación, mejor sueño y alivio del estrés, gracias a la liberación de dopamina, oxitocina y endorfinas, aunque su ausencia no representa una enfermedad.

Quienes enfrenten dificultades persistentes o malestar relacionado con su vida sexual pueden acudir con especialistas certificados en salud sexual para recibir orientación. (LV)