Viernes 15 Mayo 2026

En el marco de los 100 años de la apertura como museo de la Casa de Alfeñique, este lugar sigue siendo referente y foto obligada para quienes visitan la ciudad, un museo que conecta a quienes la visitan, con la vida cotidiana y los hogares de la Puebla antigua. Un espacio al que desde hace casi 20 años las nuevas generaciones visitan gracias al universo de la “Leyenda de la Nahuala”.

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El pasado 5 de mayo, la Casa de Alfeñique cumplió 100 años como museo. Aunque la casona barroca fue construida a finales del siglo XVIII, fue en 1926 cuando abrió sus puertas como el primer museo del estado de Puebla y el tercero del país, después de los de Zacatecas y Guadalajara.

El Museo Regional Casa de Alfeñique cumplió 100 años el pasado 5 de mayo.

En entrevista, la directora del recinto, Patricia Vázquez Olvera, explicó que el aniversario corresponde al museo y no a la construcción original. 

“Cumple 100 años el museo. La casa se termina de construir en 1790. Es representativa del barroco poblano y entonces es emblemática de Puebla”

La historia del inmueble comenzó cuando el maestro herrero Juan Ignacio Morales adquirió la propiedad en 1785. En aquel momento, la construcción era sencilla, de dos niveles y sin decoración. Posteriormente contrató al arquitecto Antonio de Santa María Inchaurregui, uno de los exponentes del barroco poblano, para transformar el inmueble durante un proceso que tardó cinco años.

“Se gastó 14 mil 900 pesos oro en esos cinco años. Entonces es hermosa, es emblemática y hay que disfrutar este patrimonio”

Patricia Vázquez Olvera, Directora del Museo Casa de Alfeñique, explica el concepto de Alfeñique

El nombre de la casona surgió por comparación popular con el dulce típico poblano del mismo nombre. Según explicó Vázquez Olvera, la ornamentación blanca de la fachada recordaba el acabado del alfeñique y de los confites tradicionales.

“La misma población la empezó a vincular con ese dulce, con ese betún con el que está hecho el dulce y le empezó a nombrar Casa de Alfeñique”, comentó.

También aclaró que la precisión es importante: 

“Cuando tú dices del Alfeñique parecería que el dueño se apellidó Alfeñique y no”.

Alrededor de 20 mil personas recorren el recinto cada año

Un museo que conecta generaciones

A un siglo de su inauguración, el museo continúa siendo uno de los espacios más visitados del Centro Histórico de Puebla. De acuerdo con la directora, alrededor de 20 mil personas recorren el recinto cada año, principalmente durante temporadas vacacionales, puentes y Semana Santa.

El perfil de los visitantes ha cambiado con el paso del tiempo. Personas adultas mayores, turistas nacionales y extranjeros, grupos escolares y juventudes atraídas por referencias culturales contemporáneas conviven actualmente en las salas del museo.

“Los adultos salen encantados y sobre todo los poblanos que no habían conocido Casa de Alfeñique se sienten superorgullosos del patrimonio”

En contraste, las nuevas generaciones llegan motivadas por referentes distintos, especialmente por la película La Leyenda de la Nahuala, inspirada parcialmente en espacios de la casona.

“Los jóvenes vienen por la película de La Nahuala. La cocina y algunas salas fueron referencia para la película y entonces llegan buscando esos espacios”, explicó.

La directora relató que muchas de las experiencias más significativas ocurren cuando niñas y niños descubren cómo era la vida cotidiana antes de la electricidad, el internet o el agua potable.

“Lo primero que preguntan es ‘¿y el refrigerador?’, ‘¿y el horno?’. Hay niños que no entienden cómo vivían las familias en esa época”, dijo. Incluso recordó la visita de un grupo de preescolar que observó una máquina de escribir y preguntó: “¿Dónde imprime?”.

Jóvenes recorren las 18 salas del Museo Casa de Alfeñique

La cocina, la recámara y la vida cotidiana del siglo XVIII

Las 18 salas permanentes del museo están divididas entre hechos históricos y representaciones de la vida cotidiana de finales del siglo XVIII y mediados del XIX.

En la planta alta se recrean habitaciones de familias acomodadas de la época. La recámara conserva objetos como el aguamanil, el bacín y otros utensilios domésticos utilizados antes de la existencia de servicios modernos.

“Es importante dar a conocer a las personas la vida cotidiana. Representamos cómo vivían las familias acomodadas en aquella época”, explicó la directora.

El Museo busca representar la vida cotidiana de la Puebla Antigua

Uno de los espacios más visitados es la cocina poblana tradicional. Allí se exhiben arroceras, moleras, cafeteras y utensilios colocados en muros y repisas, una disposición que llama la atención de visitantes extranjeros.

“Ellos no tienen referencia de colgar los objetos en las paredes o encimar las ollas. Cuando les explicas para qué servía cada pieza, se sorprenden”, señaló.

En ese mismo espacio se encuentra el “garabato”, una estructura suspendida utilizada para conservar alimentos antes de la existencia del refrigerador. La directora explicó que de ahí proviene la frase popular “un ojo al gato y otro al garabato”.

“Ahí se ponían a serenar las carnes y había que estar atentos para que el gato no se comiera la comida”, relató.

La capilla está inspirada en la Capilla del Rosario. Otro de los espación que más impresionan a las y los visitantes.

Otro de los espacios emblemáticos es la capilla familiar, decorada con elementos inspirados en la Capilla del Rosario. El lugar conserva detalles dorados, argamasas y figuras que reflejan la mezcla cultural entre tradiciones indígenas y españolas.

“Era un privilegio tener una capilla dentro de la casa. Formaba parte de la educación de las familias”, comentó.

La sala dedicada a la china poblana también forma parte de los recorridos obligados. Allí se exhiben reproducciones de vestimentas antiguas y versiones nacionalistas posteriores del traje.

“La china era una clase social. Eran mujeres que daban servicio a familias acomodadas, pero también fueron mujeres muy atrevidas para su época”, explicó Patricia Vázquez Olvera.

La Cocina de la Casa de Alfeñique es referencia nacional

Los óleos del 5 de Mayo y un pintor que estuvo en batalla

Entre las piezas históricas más relevantes del museo se encuentran los óleos de la Batalla del 5 de Mayo realizados por el pintor poblano Patricio Ramos.

La directora destacó que el artista no pintó las escenas por encargo, sino desde la experiencia directa, ya que participó en el enfrentamiento contra el ejército francés.

“Él luchó en la batalla del 5 de mayo y después decidió narrarla pictóricamente”, explicó.

Uno de los cuadros más conocidos muestra al propio pintor representado en el centro de la escena. Según la investigación conservada en la Biblioteca Palafoxiana, Patricio Ramos describió que acudió al combate con su ropa de trabajo porque no recibió uniforme militar.

“Es interesante porque él narra en sus óleos lo que le tocó vivir. Eso es lo importante de esta serie”, señaló.

El pintor poblano Patricio Ramos, retrató pasajes del 5 de mayo ya que él estuvo en el frente de batalla

El sismo de 2017 y los hallazgos ocultos

El terremoto del 19 de septiembre de 2017 marcó uno de los momentos más complejos para el museo. El inmueble permaneció cerrado durante 14 meses para trabajos de restauración estructural y museográfica.

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Sin embargo, durante las intervenciones aparecieron elementos originales que habían permanecido ocultos durante décadas.

“Cuando empezaron las calas se descubrieron los colores originales de las salas y también las cenefas”, explicó Patricia Vázquez Olvera.

Los trabajos permitieron recuperar decoraciones originales y reproducirlas en distintas habitaciones para acercarse al aspecto que tuvo la casa durante el siglo XVIII.

Durante la restauración posterior al sismo de 2017, se descubrieron nuevos elementos como cenefas, pintura original y nichos.

También fue descubierto un nicho que había permanecido tapiado.

“Se empezó a liberar y encontramos que conservaba las mismas características de las demás puertas y ventanales”, comentó.

La directora recordó además cómo vivió el momento del sismo dentro del inmueble.

“Sentí cómo brincó la laptop y les dije ‘está temblando’. Había visitantes y todos nos refugiamos en la entrada porque era la parte más segura”, relató.

¿Cuánto cuesta la entrada a la Casa de Alfeñique?

Mantener un inmueble histórico de estas dimensiones implica labores constantes de conservación. La directora explicó que tanto la arquitectura como la colección requieren cuidados especializados.

“No es una casa normal. Hay que tener mucho cuidado para conservar la colección y la arquitectura”, indicó.

El museo abre de martes a jueves de 10:00 a 17:00 horas y de viernes a domingo de 10:00 a 18:00 horas. El acceso general tiene un costo de 50 pesos y estudiantes, docentes y adultos mayores pagan 28 pesos con credencial. Los domingos la entrada es gratuita.

Personal limpia una de las piezas a la entrada del Museo Regional de Alfeñique

Además de recorridos libres, el recinto ofrece visitas guiadas para grupos escolares y turistas, principalmente durante fines de semana.

Para muchos visitantes extranjeros, la fachada del museo se ha convertido en una parada obligada en el Centro Histórico de Puebla.

“Hay turistas que primero creen que es un hotel y cuando entran descubren que es un museo”, contó la directora. “Algunos nos dicen que logramos transportarlos a otra época”.