Pégales y se van

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Los empresarios españoles de Iberdrola anunciaron esta semana que decidieron frenar una inversión de mil 200 millones de dólares en México para la construcción de una planta de energía en Tuxpan. Con la cancelación del proyecto se esfuman casi dos mil empleos en la región y se sienta un nuevo precedente de “huida de capitales e inversiones” en México.

La decisión radicó en una falta de acuerdo con la CFE a partir de la nueva política del gobierno en materia energética, la cual está encaminada a cuestionar y replantear las prácticas de las empresas de energías limpias en nuestro país.

El tema energético se ha convertido en un problema serio para el actual gobierno. Los cambios de reglas comienzan a afectar la percepción de los inversionistas extranjeros, por lo que seguramente habrá nuevos casos de cancelaciones y salidas. Incluso, en el sector petroquímico (un sector “no tan limpio”) se han dado también reclamos.

Estados Unidos, el principal inversionista en México, considera que nuestro país está generando una creciente desconfianza al seguir este tipo de políticas radicales. En una reunión por Internet con empresarios de la Concamin, su embajador Christopher Landau dijo que los norteamericanos empiezan a ver “cosas muy desalentadoras y preocupantes”.

“Este es un momento dorado para México para atraer inversión extranjera y espero que no lo desperdicien, porque para mí sería una tragedia histórica de perder esa oportunidad y esa ventana no va a estar abierta mucho tiempo más,” les advirtió Landau.

México salió este mes del Top 25 de las naciones más atractivas para la Inversión Extranjera Directa (IED), de acuerdo con el Índice de Confianza de Kearney 2020. El año pasado ocupó la posición 25 en este ranking, y en 2018 estaba en el puesto 17.

Según Kearney, tres son los principales factores por los cuales México salió de este ranking: el entorno macroeconómico poco favorecedor; la falta de transparencia regulatoria —sobre todo en el sector energético, donde se han hecho cambios a contratos—; y la canalización de recursos públicos a obras de infraestructura de bajo impacto.

Para nadie resulta un misterio que las medidas económicas seguidas por México durante la pandemia, aunadas a actitudes recriminatorias hacia la iniciativa privada y una marcada política populista, han generado un ambiente de desconfianza.

El gobierno debe recordar que mantener la inversión foránea es fundamental para la recuperación económica del país. Poco ayuda generar incertidumbre. El daño ya está hecho, pero este tipo de señales que hemos visto deben invitar a nuestras autoridades federales a “pivotear” en sus medidas y reconsiderar sus políticas.

Recordemos que la crisis que se viene no es sólo financiera, sino también de desempleo. La inversión extranjera es vital en diferentes sectores productivos de la economía mexicana, desde las maquiladoras de Matamoros hasta las plantas automotrices en Guanajuato y Coahuila.

En una economía compleja y diversificada como la nuestra, este tipo de inversiones es primordial para que la economía crezca y genere oportunidades laborales para los mexicanos. Seguir golpeando sus proyectos sólo provocará mayor huida de capitales y de recursos.

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

 

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