¡Pásele Míster, pásele Miss!

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El 30 de diciembre pasado un avión de la línea Sunwing despegó de Montreal, Canadá, con rumbo a las bellas playas del Caribe mexicano. A bordo viajaba un grupo de “influencers” que armaron una escandalosa fiesta en pleno vuelo, sin cubrebocas y conviviendo unos con otros a solo centímetros de distancia.

Las imágenes se hicieron virales y la mayoría tuvo problemas para retornar días después a Canadá. Su osadía aérea se volvió “trending topic”.

 La “bailada” y la “pachanga” nadie se los quita; como ellos, muchos saben que nuestras playas y destinos turísticos están abiertos para cualquier persona, con Covid o sin él.

La política de fronteras abiertas de México en la Era Covid ha sido frecuentemente cuestionada por medios internacionales. Critican a nuestro gobierno por su falta coherencia para frenar los contagios de virus, ahora campante por todo nuestro territorio en su variante Omicrón.

El diario The Washington Post es uno de los medios que se alineó esta semana a la condena mediática mundial. En particular, el rotativo norteamericano acentuó el hecho de que México “nunca detuvo un solo vuelo” y nunca fue estricto en la solicitud de certificados médicos para turistas para ingresar al país.

Es decir, los visitantes extranjeros no están obligados a mostrar un comprobante de vacunación o prueba de Covid negativa, mucho menos a pasar por cuarentenas.

“El desafío es que la mayoría de los gobiernos no están dispuestos a seguir ese camino. Hay costos, costos económicos reales, costos políticos, costos sociales”, comentó el periódico.

Nuestro país se ha mantenido abierto desde el inicio de la pandemia, mientras otros países decidieron implementar una serie de limitaciones y prohibiciones de vuelos y cruces fronterizos. Además, por un tiempo, algunos de estos países prohibieron los viajes hacia y desde nuestro país.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, han manifestado en diversas ocasiones que los cierres fronterizos y el control de ingreso de turistas son totalmente ineficaces, ya que dichas restricciones serían violadas y las infecciones continuarían.

Y hay una razón poderosa de fondo para que México practique este tipo de políticas de apertura total: Nuestro país depende del turismo (nueve por ciento de su Producto Interno Bruto) y mantiene un flujo masivo de migrantes, trabajadores y estudiantes hacia Estados Unidos. 

Una frontera cerrada para nuestro país representaría un costo mucho más alto que evitar los contagios desde el exterior, razonan nuestros gobernantes. Es decir, la apuesta ha sido dirigida a no afectar la economía, dándole prioridad sobre la salud.

En momentos en que la variante Omicrón se expande libremente y pretende alcanzar nuevos récords en enero y febrero se es oportuno reconsiderar nuestra política de “puertas abiertas”. 

El turismo mundial hacia México seguirá fluyendo, más con la proximidad del famoso “Springbreak” norteamericano. Exigir pruebas médicas y certificados a turistas parece ser la medida más lógica a implementar a la brevedad. 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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