Lunes 26 de Enero de 2026

¡Epa, vecinas y vecinos!

 

Miren ustedes que el caso Lydia Valdivia no solo encendió alertas, patrullas y chats familiares, sino que también prendió el ring político.

Esta vez, el pleito no fue en tribuna, sino en redes, ese lugar donde la política se hace en vertical y con subtítulos.

 

De un lado, Nayeli Salvatori; del otro, Susana Riestra.

 

Morena vs PAN.

 

TikTok vs Código Penal.

 

Ocurrencia vs advertencia.

 

¡Pasen ustedes, que hay función!

 

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Todo empezó cuando Nayeli Salvatori, micrófono en mano y cámara frontal bien encuadrada, propuso castigar con cárcel a quienes “finjan” desapariciones.

Que porque hay gente inmadura, que porque se gastan recursos, que porque el Estado no está para dramas personales.

La idea salió con tono de regaño vecinal: “si no avisó que iba a salir, pues ahora que pague”.

Susana Riestra no tardó ni lo que dura un reel en responder. Y lo hizo con bisturí, al llamar a la propuesta frívola, peligrosa y desconectada de la realidad de las familias buscadoras.

 

Traducido al idioma de la cuadra: no sabes de lo que hablas porque nunca te ha tocado. Y remató con una frase que dolió más que multa: “ojalá haya menos TikTok y más lectura”.

 

¡Zaz!

 

Directo al ego legislativo.

 

La panista recordó algo incómodo, que ya existen delitos por denuncias falsas, así que la iniciativa no sólo sería innecesaria, sino riesgosa. Porque en un país donde desaparecer es rutina y buscar es una condena, castigar denuncias puede convertirse en criminalizar el miedo y revictimizar a quienes ya están rotos.

 

Nayeli Salvatori, lejos de recular, dobló la apuesta.

 

Dijo que no, que nadie está criminalizando a las familias, que sólo se castigaría después de una investigación, que hay aceptación ciudadana y que, además, el PAN no está para dar lecciones, recordando la Ley Bala y el sexenio morenovallista.

 

Osea: si vamos a hablar de abusos, saquemos el álbum completo.

 

Y así, el caso Lydia Valdivia —que debería obligar a prudencia, empatía y silencio responsable— terminó convertido en batalla de videos, alusiones históricas y pases de factura partidista.

 

Nadie escuchando a las familias, pero todos hablando por ellas.

 

En La Vecindad sabemos en el pleito nadie ganó, que una quiso legislar desde la viralidad; la otra respondió desde la superioridad moral.

 

Mientras tanto, el problema de fondo sigue ahí, vecinas y vecinos, intacto, incómodo y sin filtros.

Porque una cosa es fingir una desaparición y otra muy distinta es jugar a legislar con el dolor ajeno.

 

Y en esta vecindad llamada Puebla, cuando eso pasa, el pleito no se apaga con likes.

 

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*

Vecinas, vecinos, nos leemos mañana. 

 

 

 

Acuérdense que el que se enoja pierde.

 

 

 

Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org