Miércoles 29 de Julio de 2026 |
¡Vecinas, vecinos!
Miren ustedes, antes de que alguien se ofenda, el problema no es que la nueva directora de Museos Puebla, Fernanda Cruz Domínguez, tenga 25 años, porque ya sabemos de sobra que la edad no garantiza talento y el currículum tampoco vacuna contra la incompetencia. Hay jóvenes brillantísimos y funcionarios con treinta años de experiencia que jamás aprendieron para qué servía la oficina que ocupaban. El problema, vecinas y vecinos, empieza cuando quien debe cuidar el patrimonio cultural de un estado admite, con toda naturalidad, que apenas hace unos días conoció los museos que ahora dirige.
Sí. Los conoció ya siendo la jefa.
Imagínese contratar al director de un hospital que descubra dónde está urgencias en su primer recorrido, o al comandante de bomberos preguntando dónde guardan las mangueras.
Algo parecido ocurrió en Puebla, sólo que aquí hablamos de museos. Y parece que a nadie le dio tantita pena.
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¿Cómo fue la primera entrevista de Fernanda Cruz Domínguez?La primera entrevista pública de la flamante directora terminó convirtiéndose en una especie de visita guiada a la improvisación. Le preguntaron cuáles museos serán intervenidos, cuándo arrancarán las rehabilitaciones y cuáles son las prioridades. Las respuestas fueron tan etéreas que parecían parte de una instalación de arte contemporáneo: mucho concepto, poca información. Y es que miren, dirigir la red de Museos de Puebla no consiste en inaugurar exposiciones, salir sonriente en las fotografías o aprenderse el nombre del Museo Internacional del Barroco para la siguiente entrevista. Consiste en administrar presupuestos, coordinar restauradores, curadores, museógrafos, investigadores, educadores, conservadores, diseñar políticas públicas, conseguir financiamiento, proteger colecciones y entender que detrás de cada vitrina hay patrimonio que, una vez perdido, no vuelve.
No es un curso intensivo. Es una responsabilidad enorme. Y mientras tanto, Fritz Glockner, el secretario de Cultura anuncia en la conferencia oficial la rehabilitación de museos como uno de los ejes del gobierno. Ahí está el verdadero riesgo, porque aunque administrativamente Museos Puebla tenga vida propia, para la ciudadanía todo lo que huela a cultura termina cayendo en la misma canasta. Si la directora tropieza, el golpe también lo resentirá toda la política cultural del estado.
Así de simple.
Nadie espera que una directora conozca de memoria cada inventario o cada ficha técnica desde el primer día, pero sí resulta razonable pensar que, antes de asumir el cargo, hubiera recorrido al menos los museos que ahora administra.
Es una expectativa bastante modesta. Aquí no se discute si la juventud puede gobernar. Se discute si la improvisación debe convertirse en política pública.
Porque los museos ya enfrentan suficientes desafíos: competir contra TikTok, convencer a nuevas generaciones de entrar a una sala de exposición, preservar piezas centenarias con recursos limitados y demostrar que la cultura no es un lujo, sino una inversión social.
Como para agregarle el experimento de aprender sobre la marcha.
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Ojalá la nueva directora cierre muchas bocas y termine haciendo un trabajo extraordinario. Quizá lo suyo simplemente no sean las entrevistas. Sería una magnífica noticia para Puebla, pues las instituciones públicas no deberían sostenerse sobre la esperanza de que alguien aprenda rápido. Deberían construirse sobre perfiles que lleguen sabiendo qué patrimonio tienen entre las manos.
Porque los museos poblanos necesitan alguien que sepa distinguir entre una colección, una política cultural y una ocurrencia. * Vecinas, vecinos, nos leemos mañana.
Acuérdense que el que se enoja pierde.
Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org |